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Inquietan a occidentales experiencias rusas con misiles antisatélites

  • Martes 27 de diciembre de 2016
  • en Mundo

PARÍS, Francia. (OEM-Informex).- El reciente test espacial
ruso, que experimentó “exitosamente” un misil antisatélite
(ASAR), creó profunda conmoción entre los estrategas de la
Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN): los
especialistas que monitorearon ese ensayo desde la sede de la OTAN
ubicada en el boulevard Léopold III, del distrito de Haren en
Bruselas, están convencidos de que el presidente Vladimir Putin
juega un “doble juego” con los países occidentales.

“Por un lado reclama una política de cooperación con Estados
Unidos y Europa y, al mismo tiempo, anuncia un refuerzo del arsenal
nuclear estratégico y experimenta un satellite killer (asesino de
satélites) que pone en peligro todo el dispositivo espacial
norteamericano y abre un nuevo terreno de confrontación entre las
grandes potencias”, interpretó el exgeneral Vincent Deportes,
autor de “La guerra probable”.

La experiencia rusa, realizada el 16 de diciembre, escapó a la
atención de la prensa y recién fue revelada cinco días después
por el Washington Free Beacon, un sitio que suele tener excelente
información sobre temas de seguridad.

El Kremlin admitió indirectamente ese test al decir que no se
trata de un arma anti-satélite, sino de un artefacto
“defensivo”, “destinado a abatir misiles balísticos enviados
para atacar a Rusia”, lo que -en la práctica- significa lo
mismo.

“Puede ser ambas cosas”, estimó el ruso Pavel Podvig,
experto independiente en armas estratégicas. “El mismo material
de base puede servir para los dos tipos de misiones”,
precisó.

Otro especialista fue más concreto: “La única diferencia
entre un interceptor y un arma ASAT está en la configuración del
programa”, explicó Jeffrey Lewis, que trabaja en los programas
de no proliferación del Instituto de Estudios Internacionales
Middlebury de Monterey (California). A título de ejemplo,
mencionó la experiencia realizada en 2008 por la marina
norteamericana, que modificó el código de uno de sus misiles
interceptores SM-3 y, a partir de un buque, hizo un disparo que
permitió destruir un satélite norteamericano desafectado que
volaba en una órbita baja.

En el reciente caso ruso, la prueba se hizo con un misil
antibalístico A-235 Nudol lanzado desde una base militar ubicada
en Plesetsk, en la región central del país. La experiencia fue
monitoreada por los sistemas de inteligencia de Estados Unidos. El
principal constructor del A-235 Nudol es el consorcio de defensa
aérea y cósmica Almaz-Antei. Esa empresa estatal figura en la
lista de compañías rusas sancionadas por Estados Unidos y la
Unión Europea (UE) en represalia por la anexión de Crimea y la
crisis de Ucrania.

No es la primera vez que Rusia realiza pruebas con sistemas de
misiles antisatélites ni tampoco es el único sistema en
experimentación. Gracias a los recursos casi ilimitados que
acordó Putin al presupuesto de defensa en los últimos años, las
fuerzas armadas rusas también desarrollaron misiles
antibalísticos S-500 y modernos sistemas de defensa antiaérea.
Rusia también está estudiando la forma de estudiar sistemas
láser para “matar satélites enemigos.

En un escenario de conflicto, todos esos tipos de armas serían
utilizadas, sobre todo, para neutralizar misiles balísticos
norteamericanos y satélites de comunicaciones e inteligencia de
Estados Unidos y sus aliados de la OTAN, indicaron expertos de la
alianza atlántica en Bruselas.

El Pentágono estaba perfectamente al corriente de los
preparativos desde hace varios meses. El comandante del Comando
Estratégico de Estados Unidos, general John Hyten, había dicho en
noviembre que sus servicios observaban atentamente lo que Moscú
“estaba construyendo” y comentó que “estamos desarrollando
las capacidades para defendernos”.

Además de la escalada que representa la introducción de ese
tipo de armas en el arsenal espacial, lo más importante a juicio
de los expertos de la OTAN traduce el doble lenguaje que utiliza
Putin en sus relaciones con Occidente.