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La UE se prepara para una grave crisis política con el gobierno polaco

  • Domingo 23 de julio de 2017
  • en Mundo

Además de tener que lidiar con Gran Bretaña por el Brexit, la Unión Europea (UE) comienza a prepararse discretamente para enfrentar en los próximos meses una crisis política mayor con Polonia, que incluso podría extenderse a otros países de Europa del Este como Hungría, la República Checa y Eslovaquia.

Las relaciones con el gobierno conservador de Varsovia se agravaron en los últimos días tras la ofensiva lanzada contra la Corte Constitucional y la reforma que pone en peligro la independencia del sistema judicial. La primera iniciativa acuerda al ministro de Justicia una influencia crucial en la composición de la Corte Suprema. Al mismo tiempo, el Parlamento aprobó un texto que le atribuye el derecho de elegir a los presidentes de los tribunales ordinarios.

El objetivo de esa ofensiva consiste, globalmente, en despojar a las instituciones políticas de todo poder de control democrático. “Las medidas que prevé el gobierno […] constituyen una considerable amenaza para el Estado de derecho porque suprimirán la independencia del sistema judicial del país”, se alarmó el holandés Frans Timmermans, primer vice-presidente de la comisión que monitorea el respeto de los derechos fundamentales en la UE.

“Polonia se transforma en un país autoritario y anti-democrático”, confirma por su parte el politólogo Georges Mink.

Consciente de que las recientes movilizaciones populares no alcanzarán para contener la deriva totalitaria del gobierno polaco, Timmermans desea adoptar una línea más dura, pero tropieza con la resistencia del presidente de la Comisión Europea, Jean-Claude Juncker, que no quiere aumentar las profundas fisuras que existen entre el este y el oeste de la UE.

A comienzos de 2016, la UE había abierto contra el gobierno polaco un procedimiento sin precedentes de “preservación del Estado de derecho”. Esa medida, que consiste esencialmente en la apertura de un diálogo permanente con el poder en Varsovia, no tuvo ningún resultado concreto.

Después de agotar sus esfuerzos de persuasión ante el partido Derecho y Justicia (PiS), que controla el poder, la UE teme ahora concretamente que ese país de 38 millones de habitantes se deslice poco a poco hacia un régimen no democrático. Nadie tiene la respuesta sobre cuál debería ser el procedimiento adecuado para obligar al gobierno a respetar los estándares europeos. En Bruselas todo el mundo se resiste por ahora a invocar el artículo 7, que permitiría empujar a Polonia fuera de la UE.

Para lanzar esa verdadera “bomba atómica jurídica” es preciso contar con 80% de los votos de los miembros. Aun en ese caso, sería imposible alcanzar la unanimidad necesaria para suspender los “derechos de voto”. Ese límite parece inalcanzable debido a la solidaridad ideológica e incluso regional que manifiestan Hungría, la República Checa y Eslovaquia con el régimen polaco.

La mayor esperanza de Bruselas está depositada en la movilización de la sociedad polaca que, por primera vez, cuenta con el apoyo masivo de la juventud que se siente directamente amenazada por la arbitrariedad que la reinar en el ámbito jurídico. Si bien la opinión pública parece satisfecha con el gobierno del partido PiS, 70% de los polacos son profundamente europeos y se rehúsan a salir de la UE.

El otro factor de presión es la prensa independiente, que mantiene a la opinión pública informada. Los canales privados de televisión transmiten en directo los debates parlamentarios sobre las reformas propuestas por el gobierno. “Ese comportamiento es inaceptable para el régimen, que va a buscar la forma de silenciar a la prensa libre”, vaticina Minsk. En las últimas semanas, el gobierno comenzó a acosar a los periodistas demasiado molestos.

Bruselas prevé incluso que, en caso de un agudizamiento de la tensión entre la UE y Varsovia, el “hombre fuerte” del régimen podría sentirse tentado a buscar el enfrentamiento abierto.

El presidente del PiS, Jaroslaw Kaczynski, no ocupa ningún puesto en el gobierno, pero desde su cuartel general ubicado en Nowogrodzka 84-86, en el centro de Varsovia, controla todos los resortes del poder. El fue quién en 2015 eligió personalmente a Andrzej Duda como candidato presidencial y a Beata Szydlo para ocupar el cargo de primera ministra. Ambos son virtuales rehenes de ese hombre autoritario e histérico, que no tolera que nadie lo contradiga, y obsesionado por las teorías complotistas.

Kaczynski, que fue primer ministro entre 2006 y 2007, está persuadido de que la UE y Moscú son corresponsables de la muerte de su hermano gemelo Lech, que pereció en una catástrofe aérea en Smolensk (Rusia) en 2010.

Para tratar de modificar el curso de los acontecimientos, Bruselas también confía en el presidente Duda, que recientemente comenzó a mostrar signos de incomodidad ante las tentaciones totalitarias de Kaczynski. En caso de enfrentamiento, Kaczynski no podría deshacerse fácilmente del presidente de la República, lo que facilitaría la acción de la UE para mantener a Polonia dentro de los carriles aceptables. La verdadera prueba de fuego comenzará sin duda en septiembre.