abc Radio


Macron enfrenta una semana explosiva en medio de caída de popularidad

  • Sábado 26 de agosto de 2017
  • en Mundo

PARIS, Francia – Poco después de cruzar el simbólico hito de 100 días en el poder, el presidente francés Emmanuel Macron enfrenta a partir del lunes una semana extremadamente difícil, que puede definir el futuro de su mandato.

  

 

En los 105 días que lleva en el poder, el jefe de Estado más joven de Europa (39 años) adoptó tantas medidas impopulares y cometió tantos errores que se desplomó estrepitosamente en las encuestas: ahora solo cuenta con 36% de opiniones favorables, una tasa de popularidad que lo ubica muy por debajo de la que tenía su predecesor, François Hollande, en la misma época (59%).

  

 

El último golpe a su prestigio lo asestó el semanario Le Point, cuando reveló que en los tres primeros meses de presidencia gastó 26.000 euros en maquillaje. En su intento por apagar el incendio, el equipo presidencial admite que, si la cifra es exuberante, sigue siendo comparable  —incluso inferior—  a la utilizada por los anteriores ocupantes del Palacio del Elíseo.

 

 

La explicación es correcta: Hollande empleaba una maquilladora que cobraba 6.000 euros netos por mes. Es decir, 30.000 euros por trimestre (incluyendo aportes jubilatorios y sociales). Absolutamente decidido a ocultar sus canas, el ex mandatario fue denunciado en mayo de 2016 por el semanario humorístico Le Canard Enchaîné, que publicó el contrato de su peluquero. En cinco años, Olivier B. recibió una remuneración acumulada de 593.000 euros. Una cifra escandalosa, que la presidencia no pudo desmentir.

 

 

Entre 2007 y 2012 Nicolas Sarkozy tampoco había resistido a las sirenas de la estética. El ex presidente bling-bling recurrió primero a una maquilladora independiente, antes de recibir un tirón de orejas de la Corte de Cuentas y verse obligado a emplear a alguien por 8.000 euros por mes.

  

 

La coquetería no es, sin embargo, la única razón que explica ese derrumbe estrepitoso, sino las medidas económicas que piensa aplicar y que afectarán a amplios sectores de la sociedad. Según una encuesta IFOP publicada el 18 de agosto, su proyecto de reforma de ley laboral obtiene apenas 31% de satisfechos contra 51% de descontentos.

  

 

Los especialistas de imagen invocan también otra razón: el desamor popular respondería a la “peoplelización” permanente de su pareja con Brigitte Macron. “Su actitud ‘jupiteriana’  —como él mismo la califica—  cae mal en la gente normal, que esperaba un presidente con espesor y no una estrella de cine”, afirma Bruno Jeanbart del instituto OpinionWay. “Los franceses no soportan que, después de Sarkozy y Hollande, haya otro presidente bling-bling”, advierte.

  

 

Para Jeanbart, como para su colega Florian Silnicki, director de la empresa especializada La FrenchCom, el jefe de Estado debe reaccionar rápidamente. “Tiene que producirse una reacción suficientemente contundente como para que la opinión pública la perciba como sincera y decidida”, dice Silnicki. “En momentos en que el gobierno exige a la gente cada vez más esfuerzos financieros, estas actitudes son inaceptables. Hay que terminar con todos esos gastos absurdos y superficiales”, insiste.

  

 

La oposición política, tanto de izquierda como de derecha, no tardó en apoderarse del tema para transformarlo en arma de “Macron-bashing”.

  

 

 

En un tweet demoledor, el dirigente de extrema derecha Florian Philippot resumió la situación: “Mientras los franceses se matan trabajando, el presidente se pone 23 salarios mínimos en la cara”.

 

 

 Al margen de los aspectos frívolo  —pero que tuvieron un enorme impacto sobre la opinión pública—, su imagen resultó afectada por el grave incidente con Polonia.

 

 

 “El pueblo polaco merece algo mejor y su primera ministra tendrá dificultades para explicar que le parece bien que los polacos permanezcan mal pagados", dijo durante la gira que realizó por cinco países del este europeo para promover su promesa electoral de reformar la directiva europea sobre trabajadores desplazados, que distorsiona crea un peligro dumping laboral entre los 28 países de la UE.

 

 

 “Polonia se colocó al margen de la Unión Europea (UE)”, dijo en otro momento al comentar las resistencias del gobierno a Varsovia a esas reformas.

  

 

La situación alcanzó un punto crítico cuando la primera ministra Beata Szydlo evocó su “falta de experiencia”, criticó su “arrogancia” y afirmó que Macron “no es, en absoluto, quien define personalmente el rumbo de Europa”.

  

 

Después de haber sido fuertemente criticado a nivel interno por las “medidas embozadas de austeridad” adoptadas en los últimos días, a partir del lunes enfrentará otra prueba con el comienzo de las negociaciones sobre la reforma de la ley laboral. Los sindicatos y casi dos tercios de la opinión pública hostiles a ese proyecto de flexibilización que propicia reducir el papel de los sindicatos dentro de las empresas, abre un abanico de posibilidades sobre la duración de los contratos, facilita los licenciamientos y establece niveles máximos de indemnización en caso de despido.

  

 

Ese programa, que Macron espera hacer aprobar por ordenanza, pues cuenta con mayoría parlamentaria, puede desencadenar una ola de protestas de gigantescas proporciones. Los sindicatos y los partidos de izquierda amenazaron con movilizarse en la calle para oponerse.


  

La situación parece tan inquietante que Alexis Corbière, diputado del partido de ultraizquierda Francia Insumisa, no vaciló en lanzar una advertencia aterradora: “Francia  —dijo—  está parada sobre un barril de pólvora”.