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Marine Le Pen: costo y beneficio de una peregrinación a Moscú

  • Domingo 26 de marzo de 2017
  • en Mundo

La reunión de Marine Le Pen con el presidente ruso Vladimir Putin, realizada el jueves en Moscú, confirmó el malentendido que existe sobre la naturaleza de las relaciones entre Rusia y los movimientos de extrema derecha europea. A pesar del maquillaje retórico que disimula esos vínculos, se trata de una relación mancillada por el comercio de intereses crematísticos contra el sometimiento a objetivos estratégicos.

Como todos los dirigentes de nivel mundial que llegan a Moscú, la líder del Frente Nacional (FN) de extrema derecha sabía que, una vez adentro de las espesas murallas del Kremlin, no se habla de ideología sino de real politik.

“En ningún caso Rusia desea influir en las elecciones presidenciales en Francia”, declaró el presidente ruso. En vista de su comportamiento, sin embargo, resulta difícil creerle.

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Desde hace varios años, Putin se esfuerza en tratar de demoler a los dirigentes hostiles a Rusia y en sostener a los partidos que propician un acercamiento con Moscú y el levantamiento de las sanciones económicas aplicadas por Occidente, después de la anexión de Crimea en 2014. Los aliados ideales en esa estrategia son quienes, además, están dispuestos a consentir el fait accompli (hecho consumado) de la integración definitiva de Crimea a Rusia.

La aceptación implícita de esas tres condiciones por parte de Donald Trump explica la injerencia rusa en la reciente elección presidencial norteamericana, para apoyar su candidatura y pulverizar a su adversaria demócrata, Hillary Clinton, bajo un alud de acusaciones falsas, denuncias inexactas y espionaje de sus mails.

En el caso de Europa, el Kremlin busca privilegiar a todos los partidos y dirigentes que  -además de cumplir con esas tres condiciones- sean hostiles a la Unión Europea (UE), a la Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN) y puedan operar como un factor eficaz de división de las sociedades. En ese sentido, los propósitos de Putin no se diferencian de los objetivos estratégicos de la exUnión Soviética. Marine Le Pen, por su parte, cumple con todos esos requisitos. En su programa electoral promete incluso un referéndum sobre la permanencia de Francia en la UE.

Putin se ilusionó primero con la victoria electoral del líder conservador de derecha François Fillon, viejo conocido que suyo que milita por las tres condiciones. Cuando comenzó a desplomarse en los sondeos, la eficiente maquinaria propagandísticas del Kremlin llegó a participar activamente en la campaña de denigración, lanzada en Francia contra el candidato social-liberal Emmanuel Macrón. Cuando se confirmó el derrumbe de Fillon en las encuestas y Le Pen consolidó sus posibilidades de pasar a la segunda vuelta, la líder del FN se convirtió en la mejor opción: “No hay motivo que justifique la actual hostilidad hacia Rusia”, le dijo el jueves pasado a Putin, según relató a la prensa. “Considero que es injusto, más aún, es tonto”, agregó.

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El único inconveniente es que, para convertirse en una alternativa real de poder, Marine Le Pen necesita dinero para financiar su campaña y el apoyo directo e indirecto que puede darle Moscú a través de su maquinaria de propaganda. Los batallones de hackers encuadrados por los dos grandes servicios de inteligencia -el APT28 del FSB y el APT29 del GRU- pueden inundar las redes sociales con millones de trolls con “verdades alternativas” o fake news (informaciones falsas), capaces de erosionar la imagen de su rival.

Ese tipo de acciones fue abundantemente teorizada por los principales teóricos de la nueva guerra de la información: el jefe del Estado Mayor del ejército, general Valeri Guerassimov y Vladimir Kvachkov. Ambos postulan que el conflicto no lineal a través de internet apunta “tanto a las masas como a las conciencias individuales”. En ciertos casos, prevé que incluso puede llegar hasta la “subversión y la desestabilización”.

No es imposible que haya una multiplicación de ese tipo de actividades durante los 42 días que faltan para la segunda vuelta de la elección en Francia, prevista para el 7 de mayo, reconoce Andrei Soldatov, coautor del libro The Red Web (La red roja).

En cuanto al dinero, es vox populi que la fuente que alimentaba al FN se agotó cuando el Banco Central ruso anuló la licencia del First Czech Russian Bank, con sede en Moscú, que en 2014 había acordado al FN un crédito de 9,4 millones de dólares. Reabrir un grifo de reemplazo en Rusia no es imposible si el líder del Kremlin lo decide.

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En ese marco, la peregrinación de Le Pen a Moscú no constituye un hecho banal. Única de los 11 candidatos presidenciales franceses que acepta el riesgo de reunirse con Putin en plena campaña electoral, no podía ignorar que su gesto desencadenaría un alud de suspicacias. El candidato socialista Benoît Hamon resumió en voz alta lo que otros piensan en silencio: la candidata socialista “está sometida a Putin”, sentenció. “Sometida porque recibió millones de dólares de bancos rusos, porque Putin sostiene su proyecto de dislocación de Europa para entregarle en el futuro el control del juego en el continente y sometida fundamentalmente porque (el líder del Kremlin) la inspira sobre la forma de dirigir un país”, precisó.