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Pekín envía a Washington al “Kissinger chino” para explorar nueva relación con Trump

  • Lunes 27 de febrero de 2017
  • en Mundo

PARIS, Francia (OEM-Informex).- Para entender el pensamiento
político chino, Donald Trump debería leer
El arte de la
guerra

. Ese tratado de estrategia militar escrito por Sun Tzu
seis siglos antes de Jesucristo, conjuga las nociones de espacio y
de tiempo a fin de determinar el momento más propicio para pasar
al ataque. Pero -ya se sabe-, el presidente norteamericano no es
muy afecto a los libros.

“Lo supremo en el arte de la guerra -postulaba- consiste en
someter al enemigo sin darle batalla”.

Conocer las enseñanzas que profesa Sun Tzu en los 13 capítulos
de su doctrina, ayudaría al ocupante de la Casa Blanca a
comprender la nueva estrategia adoptada por Pekín para abordar las
relaciones con el Gobierno de Trump.


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Jinping


Los primeros indicios de ese reajuste se advertirán en los
próximos días en Washington, cuando termine la discreta visita
del hombre clave de la diplomacia china. Yang Jiechi, que ocupa el
cargo decisivo de consejero de Estado, es la verdadera eminencia
gris de la política exterior de Pekín. En la práctica, es mucho
más influyente que el ministro de Relaciones Exteriores, Wang Yi.
Algunos sinólogos, incluso, lo definen como “el Henry Kissinger
del presidente Xi Jinping”, es decir el hombre de las grandes
elucubraciones geopolíticas y de las misiones confidenciales.

No es casual que el presidente Xi Jinping haya confiado a su
hombre de confianza este primer contacto con “altos responsables
norteamericanos” para “abordar cuestiones bilaterales y asuntos
de interés común”. Para que a nadie se le escape la importancia
que acuerda Pekín a esa misión fuera de lo común, la
información de su viaje fue revelada por la agencia de prensa del
Gobierno, China Nueva.
Uno de los temas
esenciales de la agenda de Yang Jiechi en Washington es la
preparación de un futuro encuentro entre Trump y Xi
Jinping.

Como Pekín nunca adopta iniciativas políticas por
casualidad, este viaje no es el fruto del azar y -conforme al
estilo chino- está cargado de simbolismos.
Yang Jiechi
llegó a Washington cuando se cumplen 45 años de la visita a
Pekín del presidente norteamericano Richard Nixon en
1972,

preparada en secreto por Kissinger. Ese viaje
permitió comenzar el deshielo entre ambos países que abrió las
puertas al restablecimiento de relaciones en 1979. Pero, además,
creó las condiciones para terminar la guerra de Vietnam y —sobre
todo— forjó las premisas de una alianza estratégica destinada a
contrabalancear la expansión soviética en plena guerra fría.

El viaje de Yang Jiechi se produce -tampoco es casual- una
semana después de una conversación telefónica con el nuevo
secretario de Estado norteamericano, Rex Tillerson. El ex CEO de la
petrolera Exxon-Mobil es uno de los pocos responsables del Gobierno
capaz de comprender que el diálogo con Pekín puede arrojar
mejores resultados que los agravios y las humillaciones que ensayó
inicialmente Donald Trump.

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Trump había provocado la cólera de Pekín antes de asumir al
mantener un diálogo telefónico con la presidenta de Taiwan, Tsai
Ing-Wen. Luego explicó que Estados Unidos no tenía por qué
respetar el principio de “una sola China”, doctrina reconocida
desde 1979 por Estados Unidos y la mayoría de los miembros de la
ONU. Con la coherencia que lo caracteriza, hace 15 días le
informó por teléfono a Xi Jinping que había cambiado de idea y
ahora reconocía el principio de “una sola China”.

Rex Tillerson, por su parte, también dio marcha atrás después
de haber afirmado que la expansión del gigante asiático en el Mar
Meridional de China “podría terminar en una guerra”.

En sentido inverso, Pekín comprendió de inmediato las ventajas
que podía extraer del colosal error estratégico que cometió
Trump cuando retiró a Estados Unidos del Acuerdo Transpacífico de
Cooperación Económica, más conocido por sus siglas inglesas TPP.
Ese gesto típico de macho alfa -como los gorilas que se golpean el
pecho para impresionar a sus rivales-, le dejó a China el camino
expedito para extender su influencia política y económica en
Asia. Barack Obama había concebido el TPP para aislar a China en
la región.

Finalmente, alguien advirtió en Washington que para Estados
Unidos, en el corto plazo, las buenas relaciones con Pekín son una
condición "
sine qua non"
para negociar con Rusia e
imprescindibles para asegurar la estabilidad mundial. Haber
comprendido esas realidades simples es un buen comienzo. “Un
largo camino -decía Confucio- empieza por un primer paso”.