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Peligra Angela Merkel ante la “euforia”creada por el socialdemócrata Schulz

  • Domingo 26 de febrero de 2017
  • en Mundo

Alemania es la potencia económica más poderosa de Europa. En
2016 fue el país con mayor excedente comercial del mundo con un
récord de 297 mil millones de dólares, y la competitividad de su
industria es una de las más altas del planeta. La prueba es que, a
pesar del escándalo de los motores diésel, el año pasado
Volkswagen vendió 10.3 millones de vehículos y Mercedes -por
primera vez- exportó dos millones de unidades.

Sus 83 millones de habitantes poseen uno de los más altos
niveles de vida: 41 mil 267 dólares per cápita. En un marco de
casi pleno empleo -la tasa de desocupación es de solo 3.9 por
ciento- y prácticamente sin inflación, los asalariados tuvieron
aumentos reales que oscilaron entre 1.9 por ciento y 2.3 por
ciento. Pero lo más sorprendente es que, a pesar de haber recibido
casi un millón de refugiados en 2015, el país logró terminar el
año con un superávit presupuestario de 24 mil millones de euros.
En este año electoral, los candidatos se preguntan cómo utilizar
la riqueza acumulada.

En cualquier otro país, los habitantes de ese paraíso terrenal
saldrían a las calles para portar a sus dirigentes en andas. Pero,
en Alemania, pese a esos resultados asombros, la canciller Angela
Merkel corre peligro de ser derrotada en las urnas en las próximas
elecciones legislativas del 24 de septiembre.

“Los alemanes están cansados de Merkel”, interpreta Michael
Spreng, estratega de la Unión Social Cristiana (CSU), la rama
bávara de la Unión Demócrata Cristiana (CDU) de la
canciller.

La amenaza es concreta. La última encuesta realizada por la
cadena pública ARD acuerda 32 por ciento de intenciones de voto el
SPD (Partido Social Demócrata) contra apenas 31 por ciento de la
alianza CDU/CSU.

La prolongada presencia de Merkel en la cancillería, desde
2005, no es el principal motivo que explica la desafección de los
electores. Su mayor amenaza proviene de Martin Schulz, expresidente
del Parlamento Europeo. Hace un mes, cuando fue designado candidato
del SPD, su partido oscilaba en 20 por ciento a 15 puntos de
diferencia de Merkel. “Ahora, el futuro de la canciller aparece
cada vez más incierto”, reconoce Nico Siegel, presidente del
Instituto Infratest-Dimap.

La prensa alemana descubrió que la candidatura de Schulz
desató una auténtica “euforia” -particularmente en la clase
media, los obreros y los asalariados- que, por primera vez después
de 12 años, se sienten representados por un dirigente
socialdemócrata.

Esos electores se identifican con el candidato, sus orígenes,
su carrera lejos de los círculos de poder y hasta su forma de
hablar. A pesar de su edad (61 años), Schulz surgió en la
política alemana como un personaje novedoso: consagrado al
Parlamento Europeo desde 1994, nunca tuvo representación en el
Bundestag (Parlamento), tampoco participó en los gobiernos de
coalición formados por Merkel con apoyo del SPD y siempre se
mantuvo alejado de los compromisos del mundo político de Berlín.
“No forma parte de la casta dirigente”, reconoce Johanna
Uekermann, líder de los famosos jusos (juventudes
socialdemócratas). “No porta los estigmas de las crisis que
atravesó el SPD en los últimos 15 años”, explica el
politólogo Gero Neugebauer, de la Universidad Libre de
Berlín.

Su otra virtud es hablar a los electores en un lenguaje que les
resulta familiar: “Es un hombre del pueblo y que se parece a
nosotros”, comenta con entusiasmo Frank Zilius, empleado del
servicio postal. “Es un tipo con los pies en la tierra”,
completa Ulrike Meyer, que trabaja como vendedora en un McDonald´s
por un salario mínimo de 8.84 euros por hora. Después de
describir sus características, el diario popular Bild no dudó en
compararlo con el responsable de un supermercado de pueblo.

Para llegar al corazón y al bolsillo de ese electorado, Schulz
eligió como lema de su campaña la palabra justicia. En lugar de
atacar a Merkel, que sigue siendo un ícono nacional, prefiere
concentrar sus críticas sobre la famosa Agenda 2010. Ese programa
de reformas, negociado en 2003 por el excanciller Gerhard Schroeder
y los sindicatos cuando Alemania era considerada como el “país
enfermo de Europa”, permitió modernizar la economía, reactivar
el crecimiento y combatir el desempleo que bajó de casi 10 por
ciento al 3.9 por ciento. Pero, al mismo tiempo, generó un aumento
de las desigualdades y una fuerte precarización del mercado de
trabajo. Actualmente, 6.5 millones de asalariados -entre ellos 80
por ciento de jóvenes de 24 a 35 años- viven con el sueldo
mínimo que en general llega a 450 euros mensuales por un empleo de
tres horas o mil euros cuando se trata de un trabajo a tiempo
completo. En la opulenta Alemania 12.5 millones viven actualmente
bajo el umbral de pobreza, según la federación de ayuda social
Paritätischer Wohlfahrtsverband.

“La Agenda 2010 permitió recuperar la economía, pero generó
fuertes injusticias”, suele decir Schulz. Ese programa de
reformas provocó una ruptura entre la socialdemocracia y el
electorado popular, y aún ahora sigue representando un
traumatismo. Desde 2005 el SPD perdió todas las elecciones
nacionales. Numerosos militantes se alejaron del partido para
refugiarse en Der Linke, el partido de izquierda radical, o incluso
en el movimiento populista AfD (Alternativa para Alemania).

“En los años 2000 había millones de desocupados. Hoy
necesitamos técnicos y mano de obra. También debemos mejorar los
salarios y la protección. Estamos en 2017 y ahora hay que hacer
otra cosa”, dice cuando propone una revisión de las reformas
Schroeder.

“Es el Robin Hood del SPD”, comentó con desdén el diario
económico Handelsblatt. “Martin Schulz cambia el rumbo del SPD
hacia la izquierda”, agregó.

Las críticas también llueven del sector empresario y de los
hombres de confianza de Angela Merkel. “Con sus promesas
irrealistas y su tendencia a ensombrecer la situación del país,
Schulz está girando al social-populismo”, acusó Michael Fuchs,
importante dirigente de la CDU.

Mucho más agresivo fue el ministro de Finanzas, Wolfgang
Schäuble. El artífice de la virtud administrativa alemana
denunció la “demagogia” de los discursos y las promesas de
ruptura de Schulz. “Me parece estar escuchando a Donald Trump”,
comentó, nunca avaro de agresividad.

Frente a esos comentarios, Schulz sonríe porque sabe que cada
ataque del Gobierno se traduce en votos para el SPD. Los resultados
se verán dentro de siete meses.