abc Radio


Prohiben contactar a empleados fuera de su hora de trabajo

  • Viernes 6 de enero de 2017
  • en Mundo

PARIS, Francia – En Francia, si su jefe lo llama por teléfono
o le envía un mail después de las 7 de la tarde, un empleado
puede no responder sin correr el riesgo de perder su empleo o
sufrir represalias. La ley lo ampara.

Desde el 1° de enero, una nueva disposición incorporada al
Código Laboral obliga a las empresas a definir las condiciones
para que sus empleados puedan disfrutar de su descanso después del
trabajo y no se vean forzados a responder a la presión de sus
superiores jerárquicos.

Ese texto, único en el mundo, desencadenó una tormenta de
pasiones a través del planeta. En algunos países la prensa se
burla, interpretando la nueva directiva como una forma de
arcaísmo. Otros, por el contrario, lo toman muy en serio y
señalan la ley como un ejemplo digno de imitar. Como ese
periodista del New York Times que en un tweet escribió: “Una
razón suplementaria para apreciar Francia en estos tiempos de
cambio. Estamos ante a un país que deja a sus trabajadores
desconectar y vivir sus vidas”.

A pesar de su lentitud y reflejos conservadores, es verdad que
en Francia la búsqueda del bienestar va más allá de las
diferencias políticas. En 2016 se promulgaron leyes contra el
tabaco, los pesticidas y los sacos de plástico, entre otras. Todos
esos textos simbolizan una búsqueda permanente de equilibrio entre
el deseo de preservar las tradiciones y la necesidad de adaptarse
al mundo actual.

La conexión permanente del empleado con su trabajo es un
auténtico problema de sociedad desde que las nuevas tecnología de
la información permitieron “trasladar” el trabajo al domicilio
privado. En Europa, 71% de los ejecutivos miran sus mails y otros
mensajes electrónicos por la noche o durante los feriados. Y 76%
estima que los instrumentos digitales tienen un impacto negativo en
sus vidas personales, según demostró una encuesta realizada por
el gabinete Deloitte en abril de 2015.

La nueva ley no prohíbe en forma absoluta las conexiones de
carácter profesional fuera del horario laboral. Pero, a partir
ahora, las empresas de más de 50 personas, deberán negociar con
sus empleados para asegurar el respeto del tiempo de descanso y las
vacaciones, así como la vida personal y familiar del asalariado.
En ausencia de acuerdo, el empleador deberá elaborar un código
que defina las modalidades en que se ejercerá el derecho a la
desconexión.

Las posibilidades son numerosas. Ciertos expertos recomiendan
evitar utilizar la función “contestar a todos” a fin de que
solo una persona lo lea y responda, en vez de obligar a hacerlo a
todo el mundo.

Otra posibilidad es fijar una hora determinada a partir de la
cual los empleados no están obligados a responder. La mayoría de
las empresas que ya establecieron su código de “desconexión”
han establecido ese paréntesis entre las 21h00 y las 7H00. Otras
entre 19h00 y 7H00.

Especialistas aplauden la nueva
ley

“Debido al aumento exponencial de la cantidad de mails y
mensajes electrónicos, el trabajo se ha transformado en una
preocupación constante que desborda sobre la esfera privada.
Incluso cuando los ejecutivos están con sus familias tienen
dificultades para concentrarse en la actividad que viven”,
explica Magali Prost, doctora en psicología ergonómica y
profesora en la universidad de Nanterre. “Forzados por la
hiperinformación, los empleados aumentan sus centros de atención
simultáneos: en las reuniones, todos miran su teléfono, su
tableta, su computadora portátil… Están físicamente presentes,
pero mentalmente en otra parte. Al mismo tiempo, en las empresas se
reducen los espacios de diálogo y convivialidad”, agrega.

A esa presión autoimpuesta, en el medio laboral se suele
agregar la exigencia de algunos jefes híper conectados que someten
a sus subalternos a su propio ritmo: envían mails fuera de
horarios de trabajo y esperan una respuesta inmediata sin tener
conciencia del impacto que esto puede tener en el destinatario y su
entorno.

“En esas condiciones –señala Prost–, la única forma de
evitar la desconexión era imponerla a través de una ley”.