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Putin se prepara para golpear a la oposición, usa el pretexto de combate al terrorismo

  • Jueves 6 de abril de 2017
  • en Mundo

El atentado en el Metro de San Petersburgo, que dejó 14 muertos y casi 70 heridos, sirvió para recordar que Vladimir Putin es capaz de derrotar a los yihadistas del Estado Islámico (EI) en Siria, pero no puede terminar con la tenaz resistencia en su propio país.

En los 11 meses que faltan para la próxima elección presidencial rusa, el líder del Kremlin deberá enfrentar dos problemas diferentes, pero que el aprendiz de brujo trata de mezclar dentro de la marmita que ha puesto sobre el fuego, aprovechando hábilmente la actual coyuntura política: el terrorismo yihadista y la oposición política.

La rápida identificación del autor del atentado permitió activar la pista del terrorismo originario de Kirguistán, una de las cinco exrepúblicas soviéticas que más han contribuido al terrorismo yihadista: los hermanos Tsarnaev, que perpetraron el atentado contra la Maratón de Boston, el autor del golpe contra la discoteca de Estambul y varios de los comandos que atacaron el aeropuerto de la capital turca también provenían de ese país de seis millones de habitantes poblado por 80 por ciento de musulmanes.

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La explosiva región de Asia Central que Kirguistán forma junto con Tayikistán, Uzbekistán, Turkmenistán y Kazajistán es un auténtico vivero yihadista: por lo menos cuatro mil jóvenes radicalizados salieron de esa zona para sumarse a las fuerzas del EI en Siria e Irak, según una estimación del International Crisis Group.

Con la inminente caída de los últimos bastiones en Mosul y Raqqa, y capitulación del EI, Rusia comenzará a enfrentar -al igual que los países de Europa occidental- la grave amenaza que representa el regreso de esos combatientes fanatizados, con experiencia de guerra y dispuestos a vengar la derrota.

El presunto kamikaze, Akbarjon Djalilov, al parecer no estuvo en los frentes de guerra del yihad y habría actuado solo sin ningún vínculo con alguna red terrorista claramente identificada. Esa versión de los servicios de seguridad suscita ciertas dudas porque es difícil imaginar que un lobo solitario posea el conocimiento tecnológico y la infraestructura necesaria para construir y transportar dos bombas, una de las cuales no estalló. La policía no halló rastros de explosivos durante el registro que realizó a la vivienda de Djalilov.

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Al día siguiente del atentado no reivindicado, los servicios de seguridad detuvieron en San Petersburgo a una presunta red de seis personas originaria de Asia Central, sospechosas de entrenar y colaborar con terroristas yihadistas, y de reclutar nuevos militantes para el EI.

Algunos expertos políticos tendieron un paralelo entre la bomba que explotó el lunes en la segunda ciudad del país, y los atentados del 31 de agosto y 16 de septiembre de 1999 contra edificios de vivienda en Moscú, que provocaron 290 muertos y más de mil heridos. La principal consecuencia de esas explosiones, atribuidas a los servicios de inteligencia rusos, fue que permitieron justificar la invasión de Daguestán y la segunda guerra contra Chechenia.

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En este caso, es verosímil esperar una vasta ola de represión, como ocurrió en 2004 después de la gigantesca toma de rehenes en una escuela de Beslán que culminó con la muerte de 334 civiles, entre ellos 186 niños. “13 años después, el método sigue siendo el mismo”, escribió el diario The Moscow Times.

El estado de conmoción que vive el país probablemente le permitirá al Gobierno extender el perímetro de la represión hasta llegar, por ejemplo, al núcleo duro de la oposición política que desde el 26 de marzo organiza en todo el país marchas contra la corrupción del régimen. Esa masiva protesta en más de 100 ciudades fue interpretada como una impugnación del sistema putinista.

La bomba de San Petersburgo y la consecutiva represión se produjeron”curiosamente” en vísperas de una nueva serie de manifestaciones previstas para el sábado próximo en las grandes ciudades rusas.

Con el objetivo declarado de desmantelar al terrorismo yihadista dentro de Rusia” que es real y amenazador”, el zar ruso podrá golpear a un movimiento opositor–pacifista– que constituye la amenaza más grave y concreta susceptible de empañar su reelección en 2018.