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Reciente politización en EU haría que exprocuradora Yates eleve su valor

  • Jueves 2 de febrero de 2017
  • en Mundo

Sally Yates, quien ordenó a sus subordinados en el Departamento de Justicia no defender en los tribunales el veto impuesto por el presidente Donald Trump, con el argumento de que no estaba “convencida” de que la medida del presidente sea “legal”, fue apartada del cargo, pero en el mundo jurídico, las acciones del fiscal federal no han cambiado mucho sus perspectivas de trabajo.

Siguen siendo muy bueno, y en algunos sectores, tal vez un poco mejor.

La fiscal general abandonó la seguridad de su segundo plano y se rebeló contra el presidente, Trump, por su veto a refugiados e inmigrantes, una acción que ha conferido a Yates la doble condición de heroína y traidora.

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Nombrada en 2015 como “número dos” del Departamento de Justicia por el expresidente Barack Obama, Yates envió el lunes por la noche una carta a los abogados del Gobierno para ordenarles que no defendieran en las cortes el decreto de Trump sobre los refugiados, cuya legalidad ha sido desafiada en varias cortes del país.

Su acción le valió la expulsión automática de su puesto y una dura acusación de traición por parte del Gobierno de Trump.

¿Aumentaría su valor?

“Ella tiene una excelente reputación y que continúan creyendo que la gente estará muy interesado en ella”, dijo Jeffrey A. Lowe, un socio en la oficina de Washington de la firma de reclutamiento legal Major, Lindsey y África, cita el servicio de noticias Bloomberg.

La reciente politización de Yates, para algunos, hace de ella una de alquiler deseable. “Si se trata de una empresa que tiene una inclinación política, podrían verlo como una gran cosa”, dijo Savage.

Un sin fin de lucro también podría tratar de arrebatar a levantarse, con la esperanza de que su reconocimiento del nombre ayudará con donaciones, un movimiento inteligente en la era del triunfo.

“A menudo, las personas tienden a ver su compensación en el sector privado, tanto por su experiencia como litigantes y sus relaciones”, dijo por su parte Jeffrey A. Lowe, un socio en la oficina de Washington.

Sally Yates, de 56 años, ya sabía que su decisión se traduciría en el despido. Pasó el fin de semana reflexionando, consideró que el decreto de Trump se excedía con un grupo particular (los musulmanes) y decidió dar un paso al frente, según dijo al The Washington Post una fuente cercana al Departamento de Justicia que pidió el anonimato.

De una forma dramática, el lunes por la noche, Yates puso fin a 27 años de servicio público que comenzaron en 1989 como “número dos” de la Fiscalía del distrito norte de Georgia y que la llevaron a dirigir la acusación contra Eric Rudolph, el autor del atentado que mató a una persona e hirió a 111 en los Juegos Olímpicos de Atlanta 1996.

Persiguió con éxito varios casos de corrupción

Obama se fijó en ella y la nombró fiscal general del distrito norte del estado de Georgia, un puesto que nunca antes había ocupado una mujer.

Durante sus dos años como “número dos”, Yates se convirtió en la mejor aliada de Obama para cambiar el sistema penal de EU, acabar con un encarcelamiento masivo que cuesta millones de dólares a las arcas del Estado y que castiga de manera desproporcionada a los varones de las minorías hispana y afroamericana.

Con el respaldo de la fiscal general Loretta Lynch (2015-2017), Yates se encargó de supervisar una iniciativa de la Casa Blanca que sirvió para conmutar las penas de miles de presos condenados por delitos no violentos y relacionados con drogas.

Yates se dedicó también a dirigir el día a día de los 113.000 empleados del Departamento de Justicia, que ahora pasaron a manos de Dana Boente, nombrada por Trump como fiscal general en funciones a la espera de que el Senado confirme a Sessions.

Cuando el Departamento de Justicia abra mañana sus puertas, por orden de Boente, los abogados del Gobierno tendrán que volver a defender en las cortes el decreto de Trump, que suspende el ingreso al país de todos los refugiados durante 120 días, así como la concesión durante 90 días de visados a siete países de mayoría musulmana.

Nacida en Atlanta (Georgia), casada y con dos hijos, Yates no ha hecho ningún comentario sobre cuál será su futuro, aunque su pasado ya está marcado por la agridulce doble condición de heroína y traidora.

(Con información de EFE)