abc Radio


Socialismo francés define su candidato presidencial

  • Domingo 29 de enero de 2017
  • en Mundo

En medio de su peor crisis interna de los últimos 45 años, los militantes socialistas deberán elegir hoy entre el exprimer ministro Manuel Valls y el exministro de Educación, Benoît Hamon, para designar al candidato que postulará su partido en la elección presidencial francesa del 23 de abril y 7 de mayo.

Partidario de una política de fuerte contenido social y de un modelo económico basado en el respeto de la ecología y de una distribución más equilibrada de la riqueza, Hamon aparece como favorito de esta segunda vuelta, después de haber ganado sorpresivamente la primera rueda de la consulta el domingo pasado con 36,1% de los votos. Hamon recibió el apoyo del exministro de Industria, Arnaud Montebourg -que llegó en tercer lugar con 17,7% de votos-, y de toda el ala izquierda del partido que en los últimos tres años del quinquenio se opuso a la política social-liberal del presidente François Hollande.

Su adversario será precisamente el primer ministro encargado de instrumentar esa política, que se caracterizó por una severa austeridad, estabilización salarial, aumento de las cargas fiscales -que penalizó en especial a los sectores de menores recursos-, y la adopción de una ley de flexibilización laboral muy criticada por gran parte de la sociedad. Valls, que obtuvo 31,5% el domingo pasado, reivindica esas reformas y se presenta como “realista y creíble” frente al “candidato del futuro deseable”, una forma elegante de llamarlo utópico.

En realidad, se trata del enfrentamiento entre las dos corrientes -una línea social-liberal y un ala izquierda- que pugnaron tradicionalmente por el control del Partido Socialista hasta la reunificación impuesta por François Mitterrand en el Congreso de Epinay de 1971.

En su libro La ambición y el remordimiento, los historiadores Alain Bergounioux y Gérard Grunberg definen esa fractura ideológica como el enfrentamiento entre la “vocación de poder” y la “tentación de hacer soñar”.

En ese contexto, la corriente utópica traduce la enorme decepción causada por el Gobierno socialista y la pérdida de confianza de la opinión pública. François Hollande termina sus cinco años en el poder con una popularidad de 14%. Esa fue la principal razón que lo indujo a no postularse para la reelección. Las encuestas muestran que, en esas condiciones, cualquiera sea el candidato del PS, llegará en quinto lugar de la elección presidencial con 9% de los votos.

Profundamente dividido, sin posibilidades de llegar a la segunda vuelta y en plena guerra de dirigentes, el PS corre el riesgo de salir herido de muerte de estas primarias.

“El Partido Socialista va a entrar probablemente en una crisis aguda y no es seguro que pueda sobrevivir”, estima Thierry Pech, que dirige el think tank de izquierda Terra Nova.

Una de las posibilidades inmediatas es que el partido se fraccione después de las primarias. La corriente “realista” buscará aliarse a Emmanuel Macron, exministro de Economía de Hollande. Como candidato independiente al frente del movimiento social-liberal En Marcha, creado hace pocos meses, Macron aparece como el “tercer hombre”. Los sondeos le acuerdan 18% de las intenciones de voto detrás de Marine Le Pen, líder del partido de extrema derecha, con 27%, y del candidato de la derecha conservadora François Fillon, con 25%. Como resultado del escándalo provocado por los empleos ficticios de su esposa y dos hijos, Fillon registra una acelerada pérdida de popularidad que podría beneficiar principalmente a Macron.

Otra fracción del PS, en particular los militantes del ala más combativa, podrían sentirse tentados a incorporarse al movimiento Francia Insumisa, de Jean-Luc Melenchon. Ese frente formado por varios grupos de ultra-izquierda y que cuenta con el apoyo oficial del Partido Comunista, tiene 15% de votos y también puede aspirar a participar en la segunda vuelta si consigue aumentar su caudal con el apoyo de los socialistas decepcionados.

La división entre los dirigentes es tan grande que Valls confesó que, en caso de ser derrotado por Hamon, probablemente se abstendrá de participar activamente en la campaña electoral. Esa posición contradice la tradicional actitud de fair play que solían adoptar los socialistas cuando perdían una elección interna. También viola la Carta de las Primarias, que obliga a todos los participantes -dirigentes y militantes- a apoyar al candidato oficial del PS. Pero, sobre todo, muestra la profundidad que tienen las fracturas que dividen a los socialistas franceses.