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Tania Martínez Cruz, una historia de éxito en los Países Bajos

  • Domingo 4 de junio de 2017
  • en Mundo

Por MARÍA ESTHER ESTRADA

CORRESPONSAL

ÁMSTERDAM, Holanda. (OEM-Informex).- “Llévate este rebozo, quiero que les digas a los que viven allá en el otro mundo quienes somos, cómo vivimos y qué hacemos. Llévatelo para que nos recuerdes, para que no nos olvides”. Con estas palabras pronunciadas en lengua mixe y con un rebozo blanco con líneas rojas y verdes en la mano, se despidió de ella su abuela Eulalia en el 2013. Tania Martínez Cruz estaba por iniciar su doctorado en la Universidad de Wageningen, en los Países Bajos.

Aquí la entrevisté hace unos días. Con apenas 30 años, llena de vida y de energía, con una sonrisa que brilla también en sus ojos, es una joven que sabe qué quiere y que cada día da un paso más para lograr sus metas que, de manera muy sucinta, podría resumir en: “un México mejor, más equitativo, que ofrezca mayores oportunidades para las niñas y los niños de nuestro país”. Y para ello, para poner su granito de arena en este gran proyecto social, está buscando en el campo y en la tecnologíalas herramientas necesarias para sustentar ese crecimiento.

SUS ORÍGENES

A fin de darle perspectiva a su historia, es importante conocer sus orígenes. Tania Eulalia nació en 1987 en una pequeña comunidad en el estado de Oaxaca. Ahí es donde está enterrado su ombliguito, donde están sus raíces.

Desde muy chica acompañó de pueblo en pueblo a sus padres, maestros de educación indígena. Más tarde se quedó en su comunidad para poder estudiar la primaria, así que pasóbuena parte de su infancia en las montañas, ayudando a su abuelita en las labores del campo. Pero ahí no había preparatoria, así que con 14 años (2001) se fue a vivir a Texcoco. Así empezó su peregrinar en solitario. Dado su buen desempeño consiguió una beca en la Universidad Autónoma de Chapingo, de donde se graduó en 2008 en Ingeniería de Riego.

Foto: Cortesía Tania Eulalia Martínez Cruz

Tania con su abuela Eulalia en 2013, antes de iniciar su doctorado en Holanda. Foto: Cortesía Tania Eulalia Martínez Cruz

Durante dos años trabajó como asistente de investigación, consultora y especialista en riego para la Universidad Autónoma de Chapingo y para una empresa privada. Fue en ese periodo cuando se interesó más en el aspecto social de los proyectos tecnológicos y de la política agrícola.

Inquieta y con deseos de prepararse más, en 2010 usó sus últimos ahorros para costearse un curso a fin de perfeccionar su inglés y se postuló para la beca Fulbright-García Robles. ¡Se convirtió en la primera mujer indígena en obtenerla! Eligió hacer una Maestría en Ingeniería Agrícola y de Biosistemas, especializándose en la gestión del agua y en cultivos para la producción de biocombustibles. Dos años después presentó sus resultados en unos congresos en Tailandia y Camboya.

Al regresar a México trabajó para el Centro Internacional de Mejoramiento de Maíz y Trigo (CIMMYT) en dos proyectos: Más Agro Móvil y Extensión Agrícola dentro del Programa de Intensificación Sostenible.

UNIVERSIDAD DE WAGENINGEN EN HOLANDA

En 2013 obtuvo una beca del Ciesas-Conacyt para hacer su doctorado y para ello eligió la Universidad de Wageningen, en los Países Bajos. Antes de partir para Europa fue que su abuelita la despidió con el rebozo.

La Universidad de Wageningen está considerada la mejor universidad agrícola en el mundo según la clasificación de QS Top Universities comparando en total más de 300 universidades que ofrecen esta especialidad.

Aquí, al amparo del Grupo de Conocimientos, Tecnología e Innovación, está haciendo una investigación sobre los mecanismos de inclusión y exclusión social en los proyectos basados en la tecnología para la conservación del maíz nativo. En palabras más sencillas, hasta dónde realmente puede llegar la ayuda tecnológica en el campo mexicano para apoyar a los agricultores que cosechan maíz nativo. Tiene la gran ventaja de que los estudios de campo los hace en México, en colaboración con el CIMMYT, así que sus análisis y conclusiones tendrán impacto directo en nuestro país.

¿Qué te gusta de Holanda?, le pregunté. Por un lado que el sistema educativo es más horizontal, flexible y libre. Pero también la calidad de vida y el concepto de que cada persona es un ser integral por lo que se valora no solo su aspecto profesional sino también el humano y social.

Cuando termine su doctorado, en 2018, de aquí se llevará, entre muchos otros, el recuerdo de haber aprendido a andar en bicicleta.

PREMIO NACIONAL DE LA JUVENTUD

En 2016 recibió este reconocimiento por sus logros académicos. Sus palabras al aceptarlo resumieron su vida hasta ese momento, sus luchas y sus logros. Escuchándola queda claro que no olvida sus raíces, que quiere volver a donde fue enterrado su ombliguito, pero no para descansar sino para trabajar para mejorar la calidad de vida de su comunidad, para poner en práctica todo lo que ha aprendido en su periplo por el mundo.

Al recibir el Premio Nacional de la Juventud 2016. Foto: Cortesía Tania Eulalia Martínez Cruz

Al recibir el Premio Nacional de la Juventud 2016. Foto: Cortesía Tania Eulalia Martínez Cruz

ALGUNAS REFLEXIONES

Llegar hasta donde ha llegado ha requerido mucha constancia y esfuerzo. Ha sido un camino largo y solitario, pero está satisfecha.

Tania está convencida del gran valor de la educación (de la que son responsables los padres y la familia, no sólo la escuela o el Estado) y quisiera que muchos jóvenes más tuvieran las condiciones y oportunidades para contar historias de éxito similares a la suya.

Por eso se pregunta: ¿Qué estamos haciendo en México para fortalecer la educación y que todos tengan acceso a ella a pesar de la inequidad social que impera no solo en el medio rural sino también en las ciudades? ¿Qué estamos haciendo por el campo mexicano?

Como dice: “Me encanta ir al campo, hablar con la gente, observar y aprender… Soy una viajera y eso me ha permitido ver mi mundo con otros ojos… Soy una ingeniera aprendiendo a ser un científica social”…

En algún momento de su futuro ella se ve de regreso en México, aplicando lo aprendido en todos estos años para lograr un cambio en el sector agrícola, además de con una escuela en el campo y dedicada a proyectos con niños para que tengan un futuro en nuestro país, sin tener que buscarlo en el extranjero.

Sin embargo, no todo ha sido un camino de rosas. Ha tenido que esforzarse mucho y vivir largas temporadas lejos de los suyos, enfrentando retos en soledad a pesar de las amistades que ha hecho en el camino. Pero ha valido la pena.

Después de escuchar a Tania hacer un balance de su vida hasta el momento, les digo a mis lectores: nunca dejen de luchar por alcanzar sus sueños. El mundo en general, y nuestro país en particular, necesitan de más personas con conciencia social que tomen las riendas de su vida y trabajen por mejorar su entorno. Esta joven es un ejemplo de que quien se lo propone, llega lejos.

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Su abuelita Eulalia, que en paz descanse, tuvo razón. No ha olvidado sus raíces y ha mostrado al mundo quienes somos y de lo que somos capaces. Sin duda estaría muy orgullosa de su nieta.

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