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Trump, la esperanza para que mexicano condenado a muerte pueda vivir

  • Lunes 6 de marzo de 2017
  • en Mundo

Por Oscar Reyes Rodríguez

Hay ocasiones en que Rubén Ramírez Cárdenas hubiera preferido que la sentencia de muerte que tiene en su contra desde hace 19 años ya hubiera surtido efecto; la enfermedad renal con la que desde hace doce años vive el prisionero número 999275 de la cárcel de Livingston, Texas, es la causa por la que a veces pide a Dios que de una vez le decida su destino.

Desde 1998, Rubén Ramírez Cárdenas fue condenado a muerte por haber sido encontrado culpable por el secuestro y asesinato de su prima Mayra Azucena Laguna; desde hace 19 años, el irapuatense Rubén Ramírez Cárdenas ha vivido en el llamado ‘Pabellón de la Muerte’, como se conoce a la Unidad Allan B. Polunsky, de la cárcel de Livingston, Texas, en donde espera el turno para que la sentencia de muerte que le fue dictada haga efecto.

Para Juanita Ramírez Cárdenas, hermana de Rubén, esta prisión ha hecho honor al mote que le han puesto, pues el encierro en esta prisión a donde mandan a los sentenciados a muerte ha ido matando poco a poco a su hermano por la nula atención médica que le brindan.

Todavía en abril de 2016, la defensa de Rubén Ramírez Ramírez Cárdenas jugó una de sus últimas cartas, pero la Corte Federal de Apelaciones le negó atender el recurso interpuesto para que el irapuatense pudiera ser dejado en libertad, pues su defensa alegaba que su detención había sido violatoria de sus derechos humanos.

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Para la familia Ramírez Cárdenas, la llegada de Donald Trump al poder no garantiza que las cosas cambiarán para su hermano; sin embargo, reconocen que en sus discursos, el republicano nunca habló sobre la pena de muerte, por lo que éste se ha convertido en una esperanza para que Rubén continúe con vida; no obstante, la xenofobia que Trump ha velado desde su candidatura, sea cierta o no, les da pocas esperanzas de que el futuro de su Rubén no sea otro que el mismo que desde hace 19 años le sentenciaron: esperar a que le programen el día para su muerte.

“Estamos desesperados, nunca hemos perdido la fe, pero sí hay miedo. Donald Trump fue muy agresivo, nunca dijo algo sobre la pena de muerte, pero sí tenemos miedo. Han sido 19 años muy pesados para la familia, ver cómo Rubén se fue mermando en su salud hasta llegar a como está ahora. Vivimos en incertidumbre, pero con la esperanza de que salga el lado humano para que Rubén ya no viva así, que lo dejen purgar su condena en libertad para que pueda recuperar su salud; no merece tanto daño como el que ya ha sufrido”, dice su Juanita en entrevista telefónica.

Rubén Ramírez Cárdenas es originario de la comunidad de Aldama, en Irapuato. Desde pequeño fue llevado a Estados Unidos por sus padres, quienes migraron a aquel país. Allá estudió y se desarrolló, pero nunca olvida a Irapuato.

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Rubén Ramírez apenas si puede moverse. Entró a prisión con un cuerpo regordete, poco más de 110 kilos y ahora no sobrepasa los 70 kilos. Ya no dibuja como antes, ya no escribe como lo hacía y su única distracción es escuchar The Prison Show, donde sabe que una emisión escuchada equivale a un día vivivo… vivido, aunque sea dentro del Pabellón de la Muerte de Texas.