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Utilizando la justicia, Putin elimina a su principal rival

  • Jueves 9 de febrero de 2017
  • en Mundo

Vladimir Putin ganó ayer la elección presidencial del año
próximo. Esa frase no contiene un error gramatical. La
información tampoco constituye una premonición alucinada ni un
ejercicio de ciencia ficción sobre el resultado que arrojarán las
urnas en 2018. La reelección del líder del Kremlin para un nuevo
mandato será la consecuencia lógica de la eliminación política
del principal dirigente opositor de Rusia, Alexei Navalny.

Famoso por las denuncias que formula en su blog sobre la
corrupción que impera en las altas esferas del poder, Navalny fue
condenado ayer a cinco años de prisión en suspenso por un
tribunal de la ciudad de Kirov por supuesta “malversación” de
fondos de una empresa privada. Su socio, Piotr Ofitserov, recibió
una pena de cuatro años condicionales. Además deberán pagar una
multa de 500 mil rublos (ocho mil 450 dólares) cada uno.

Aunque Navalny anunció su intención de apelar, esa condena lo
excluye de facto de la próxima elección presidencial, prevista
para marzo o abril de 2018. Pero es difícil que la corte de
apelaciones acepte revisar el caso antes de esa fecha. Con ese
caso, el Kremlin había mostrado claramente la instrumentación
política que realiza de la justicia. El Tribunal Europeo de
Derechos Humanos había obligado a Rusia a anular el primer proceso
de 2013 por irregularidades procesales, pero el fiscal exigió la
repetición del juicio.

“El juez está criminalizando artificialmente una actividad
comercial común […] para impedirle participar en los
comicios”, denunció una de sus abogadas Olga Mijailova.

Pese a su inhabilitación de facto, Navalny reafirmó que
participará en las elecciones de 2018. “Tengo derecho moral y
jurídico a participar en las elecciones. Eso es lo que la gente
espera de mí”, insistió.

Durante las cuatro horas que empleó el juez Alexei Vtyugin para
leer la sentencia, las autoridades aprovecharon para ahorcarlo un
poco más: le bloquearon la línea telefónica abierta para recibir
donaciones a fin de financiar su campaña.

El manejo político del proceso demostró la inquietud que
existe en la cúpula del régimen ante la perspectiva de que el
carismático abogado de 40 años pueda utilizar la campaña
electoral para lanzar una serie de denuncias sobre la corrupción
del régimen. “Esto confirma que el Kremlin considera mi
candidatura como un peligro para sus intereses”, declaró ayer al
salir de los tribunales.

El abogado, fundador del Fondo de Lucha Contra la Corrupción,
probó su popularidad en 2013, cuando obtuvo 27,24 por ciento de
los votos en las elecciones a la alcaldía de Moscú. Navalny fue
varias veces condenado a penas de prisión y arresto
domiciliario.

Tras 17 años en el poder —alternativamente como primer
ministro y presidente— teóricamente Putin no tiene ninguna
razón para temer el dictamen de las urnas. Uno de los últimos
sondeos, realizado por el instituto VTsIOM, le acordaba 74 por
ciento de las intenciones de voto.

Pero el poder, al parecer, no se siente seguro. Teme una
repetición de las manifestaciones de protesta que estallaron
después de la elección de 2012. El 4 de marzo de ese año, Putin
obtuvo 63.6 por ciento de los votos contra 17.2 por ciento del
candidato comunista Guennadi Ziuganov y ocho por ciento del
millonario Mikhail Prokhorov. A pesar de las afirmaciones del
hombre fuerte del Kremlin, diciendo que habían sido “las
elecciones más limpias de la historia”, la opinión pública
consideró que la participación de Prokhorov había sido una
“mascarada” para darle un mínimo de legitimidad al fraude
masivo practicado por el régimen.

La popularidad de Navalny no le alcanza para convertirse en un
rival temible para Putin. Los sondeos le atribuyen un caudal de
ocho a nueve por ciento. Pese a todo, puede convertirse en un
peligro porque, en nombre del pluralismo político, durante la
campaña tendrá acceso a la radio y la televisión. El Kremlin
quiere evitar que Navalny utilice ese derecho para denunciar la
corrupción y las condiciones de vida de los rusos, duramente
golpeados por la recesión que afecta al país desde hace dos
años, debido a las sanciones occidentales por la anexión de
Crimea en 2014.

El cruzado de la anti-corrupción había anticipado en diciembre
último cuál iba a ser el eje de su campaña: “Voy a romper el
silencio sobre el tabú de la concentración del poder económico.
Actualmente, 88 por ciento de la riqueza pertenece a 0.1 por ciento
de la población”, denunció.

La mejor explicación sobre el alcance político de la sentencia
contra Navalny la dio ayer desde su exilio europeo el exoligarca
Mikhail Khodorkovski, que pasó 10 años en una colonia
penitenciaria acusado de fraude fiscal, una condena aplicada para
castigar su rebelión contra Putin: “El poder —dijo tras
conocer el veredicto— ha decidido que no quiere ni la sombra de
un problema en las próximas elecciones”.