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Visita el Papa Francisco a Amatrice, pueblo devastado por terremoto

  • Viernes 16 de febrero de 2018
  • en Mundo

CIUDAD DEL VATICANO. (OEM-Informex).- Es difícil
para un personaje mundialmente célebre como el jefe de la Iglesia
católica, visitar en privado una localidad sin la presencia de
fotógrafos y camarógrafos. Sin embargo, el papa Francisco lo
logró en parte en su imprevista visita, ayer, a algunos de los
pueblos del centro de Italia devastados por el terremoto de 6.1
grados del pasado 24 de agosto, que provocó 298 muertos, 388
heridos y más de 4 mil damnificados.

Dos días antes, durante el vuelo de regreso del
Cáucaso, Francisco no dijo cuándo habría realizado la visita,
precisando únicamente que quería hacerlo “en privado, solo,
como sacerdote, como obispo y como Papa, pero solo”. Y así fue,
con excepción de miembros de la seguridad vaticana y unos cuantos
prelados. Poquísimos lo sabían, incluyendo a algunos medios de
comunicación, en particular la televisión.

De todos modos, no obstante su
deseo, Francisco fue inmortalizado por los fotógrafos durante sus
recorridos en los pueblos de Amatrice, Accumoli y Arquata del
Tronto, entre los más afectados por el sismo.

Bergoglio se encontró con los
obispos locales, estudiantes y numerosas personas que todavía
viven en las tiendas de campaña y con cada uno tuvo palabras de
aliento y cercanía. También agradeció a los bomberos, con
quienes quiso tomarse una fotografía, por su valiosa labor
también en el rescate de centenares de personas aún vivas debajo
de las casas y edificios derrumbados. Todos estaban sorprendidos
por la imprevista visita del Papa.

“No vine antes porque no quería
crear problemas considerando sus condiciones. No quería causar
molestias. Vine solamente para demostrarles mi cercanía y mi
oración por todos ustedes, las víctimas y sus familiares… Esta
es mi oferta”, dijo el Pontífice argentino, que
significativamente eligió el día de ayer, la fiesta de San
Francisco, de quien tomó el nombre, para visitar las zonas
devastadas. Bergoglio rezó el Ave María en medio de la gente a la
que exhortó a “ir adelante”. “Siempre hay un futuro
–subrayó-, oremos a la Virgen por los seres queridos que nos han
dejado, que cayeron aquí debajo de los escombros y que ahora
están en el cielo…”.

En Amatrice quiso caminar solo, en
silencio, en medio de piedras, escombros y los pocos edificios aun
en pie, mudos y trágicos testimonios de la tragedia del 24 de
agosto a las 3:36 de la madrugada. En Accumoli también rezó ante
la Iglesia destruida. Numerosas fueron las manos que estrechó y
las personas que abrazó, para cada una de las cuales tuvo palabras
de consuelo.

Poco antes de emprender en
automóvil su viaje de regreso a Roma, Francisco experimentó
personalmente un temblor de 3.6 grados (una más de las miles y
miles de réplicas que se siguen registrando, más de un mes
después del sismo).