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Bertha Von Suttner: primera mujer Premio Nobel de la Paz

  • Domingo 19 de febrero de 2017
  • en Nosotras

Ámsterdam, Holanda. (OEM-Informex).- En estas épocas tan convulsas a nivel nacional y mundial, no debemos perder de vista que a lo largo de los siglos muchas personas han trabajado y trabajan por la paz. Su labor puede ser pública, o silenciosa, o silenciada, pero esa semillita que dejan sirve como ejemplo para otros.

La inspiración para este artículo me llegó gracias a un amigo, coleccionista de monedas de 2 euros. Por él me enteré que en el anverso de éstas cada país puede acuñar el motivo que desee, que por lo general hace referencia a hechos históricos o pone de relieve acontecimientos actuales con trascendencia histórica, pero Austria le ha dedicado, año tras año (con pocas excepciones), ese honor a la primera mujer en recibir el Premio Nobel de la Paz.

¿Quién era Bertha Von Suttner (1843-1914)?

Nació en Praga como Bertha Felicitas Sophie, condesa Kinsky von Wchinitzund Tettau. Su padre falleció antes de que ella llegara al mundo. Sus títulos nobiliarios no le sirvieron de mucho puesto que no eran de la alta aristocracia, sin embargo se movió en círculos sociales privilegiados y viajó por toda Europa. Su madre perdió la herencia en juegos de azar y buscó remediar su situación económica buscando un matrimonio de conveniencia para su hija, pero ella no se prestó al juego.

Sus inquietudes la llevaron a aprender idiomas: alemán, francés, italiano e inglés. En 1859 publicó su primera novela “En los sueños de la luna”, que apareció en la revista “La mujer alemana”. Después optó por buscarse una carrera como cantante, pero a pesar de estudiar y practicar mucho no logró superar el pánico escénico.

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Ya con treinta años consiguió un puesto como institutriz en casa del barón Karl von Suttner para enseñar música y lenguas a sus cuatro hijas. Lo que no imaginó fue que ahí encontraría el amor personificado en el hijo mayor, Arthur, 7 años menor que ella. ¡Un escándalo! Para separarlos, en 1876 la despidieron pero, como muestra de aprecio por sus tres años de servicios, le consiguieron empleo como secretaria privada de Alfred Nobel en París. El trabajo le duró poco, pero la amistad con el industrialfue de por vida.

La distancia no disminuyó la fuerza delsentimiento entre los amantes. Arthur y Bertha se casaron en secreto ese mismo año en Viena. Él fue desheredado y la pareja se fue a vivir al Cáucaso durante más de ocho años, donde vivieron de lo poco que les daban por sus novelas y por traducciones. Bertha incursionó también en el periodismo.

En 1885 se reconciliaron con la familia von Suttner y regresaron a Viena. Ella continuó escribiendo. Su interés principal fue el tema del pacifismo. Poco después conoció la existencia de la Asociación Internacional de Arbitraje y Paz, a la que se afilió. Estaba convencida que la guerra no debería usarse para resolver conflictos.

¡Abajo las armas!

Es el título de la novela que publicó en 1889 que trata sobre una mujer a quien la guerra le arrebató dos maridos. Un relato de las campañas bélicas de 1859, 1864, 1866 y 1870/1871. Una implacable descripción de los horrores y odios, cuando no injusticias, que provocan los conflictos armados.

En ella puso de relieve la angustia de las mujeres cuyos maridos e hijos perdían la vida o quedaban mutilados en el campo de batalla. Pero también cuestionó a una sociedad que consideraba virtudes positivas el coraje combativo y el orgullo de ser soldado; también a los Estados que periódicamente lanzaban asus ciudadanos a un baño de sangre bajo pretextos como la dignidad o el patriotismo.

En su momento fue un éxito. Se convirtió en un clásico del movimiento pacifista internacional y fue traducida a 12 idiomas. (En 1914 fue adaptada al cine.)

Desgraciadamente el tema sigue siendo de actualidad.

Foto: Especial

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Por la paz

En 1891 Bertha von Suttner fundó la Sociedad Austriaca de la Paz. En 1897 le presentó al emperador Francisco José I de Austria una lista de firmas solicitando la creación de una Corte Internacional de Justicia y participó en la organización de los Convenios de La Haya en 1899.

A su amigo Alfred Nobel lo convenció de la importancia y la necesidad de crear el Premio de la Paz para reconocer “a la persona que haya trabajado en favor de la fraternidad entre las naciones, la abolición o reducción de los ejércitos existentes y la celebración y promoción de procesos de paz”.

En 1901 colaboró con la fundación de la Oficina Internacional por la Paz cuya sede se estableció en Berna, Suiza, paracoordinar las actividades de las diferentes sociedades a favor de la paz y promover el concepto de la búsqueda de soluciones pacíficas a los conflictos internacionales.

En 1904 participó como oradora en el Congreso Internacional de la Mujer en Berlín y durante siete meses dio conferencias en distintas ciudades de los Estados Unidos y asistiótambién al Congreso Universal de Paz en Boston.

En 1905, como reconocimiento a su labor, recibió el Premio Nobel de la Paz (que se había otorgado por primera vez en 1901).

Foto: Especial

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A ella se debe, también, que Andrew Carnegie decidiera donar los fondos para construir el Palacio de la Paz, sede de la Corte Internacional de Justicia en La Haya, Holanda.

Si le interesa conocer más sobre ella, lo invito a leer tanto su novela como: “Memorias de Bertha von Suttner. Recuerdos de una vida azarosa” (se consigue en inglés).

Esta mujer, de la que se sabe poco fuera de su país, dejó no sólo sembradas sino incluso floreciendo, importantes instituciones que desde hace más de un siglo trabajan por la paz.

En este momento en que el mundo está tan trastornado, en que los orígenes y las religiones se usan como grito de guerra (lo mismo que a Bertha von Suttner le tocó vivir en el Cáucaso, donde uno de los conflictos más fuertes se dio no sólo entre naciones sino entre cristianos y musulmanes), busquemos el diálogo en lugar de la confrontación, las soluciones pacíficas en lugar de las violentas. Empecemos en casa, en familia, con nuestro ejemplo, y extendamos nuestro radio de influencia a nuestra comunidad y ojalá a nuestro país y al mundo.  Por algún lugar hay que empezar.

Los invito a reflexionar en el ejemplo que nos dejó esta valiente y decidida mujer cuyo lema utilicé como título de este artículo.

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