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Anaya muestra su encanto en el debate, mientras AMLO calla

El aire de los domingos de fiesta se siente en México, los corazones arden. Un día en el que no es el futbol ni el último capítulo de la telenovela lo que crea ojos expectantes, lo que aguza los oídos. La esperanza está viva, es eso.

En todo el país hay muestras de simpatía por los candidatos a la Presidencia de la República: gente que grita sus nombres en coro o baila a ritmo de tamborazo, sostiene mantas y les echan porras a viva voz y en redes sociales.

Políticos, empresarios y el mundo de la farándula pronuncian sus preferencias, ofrecen viandas y esperan comiendo alitas. Productores y restauranteros de distintos puntos de la República prometen celebrar el voto por el puntero AMLO. Con mil litros de cerveza, dicen en Tampico, con una tonelada de fresas en Guanajuato.

Ante la gran expectativa nacional e internacional son alrededor de setecientos periodistas los que se apostan frente al Palacio de Minería; el robusto edificio de dos siglos de existencia está radiante. Cerradas Donceles y Tacuba las calles aledañas al recinto con vocación académica, y por 40 años sede de la Feria Internacional del Libro, esta noche es custodiado por elementos de Seguridad Publica y del Estado Mayor Presidencial, lo que no impide el júbilo de la gente que espera a “su gallo” y el arribo de personalidades de la política.

Nadie quiere llegar tarde a la historia. Los cinco en la contienda para gobernar el país arriban al Palacio de Minería desde las 18:30 horas, cuando los nervios se vuelven sonrisas al subir al rostro.

A 24 años de que fuera televisado el primer debate presidencial en México (Zedillo, Cevallos y Cuauhtémoc Cárdenas), de cara a las elecciones 2018 el nuevo formato dio dinamismo al encuentro. Los candidatos, sin embargo, insistieron en arrastrarlo al pasado: más descalificaciones que propuestas.

Margarita Zavala (independiente) es la única que no es acompañada de su cónyuge. Mientras Felipe Calderón se quedó en un salón alterno, el resto de los candidatos acuden a la cita junto a sus esposas.

El sistema de audio probado, los moderadores (Azucena Uresti, Denise Maerker y Sergio Sarmiento) en su sitio, los candidatos se colocan en moderno estrado que contrasta con la sobriedad del antiguo recinto.

Jaime Rodríguez, más bronco que formal. “Una vez prometí a mi esposa llevarla al cine y no pude cumplirlo”, contesta cuando le preguntan si ha mentido. Más tarde, propone “cortarle la mano a los corruptos”.

—¿Literalmente?, le cuestiona Uresti. —Literalmente, responde el candidato independiente.

“Aquí están todos echándome montón”, apunta Andrés Manuel López obrador después de una ronda de ataques en contra de su “amnistía” para delincuentes.

Evasivo desde su posición de líder de la contienda presidencial muestra las cifras que le dan confianza: “No es por presumir”, lanza mientras sostiene un cartel que le otorga casi 50%de preferencias en las encuestas.

Margarita Zavala propone dejar atrás la PGR para crear una fiscalía anticorrupción y responde huidiza sobre el impacto del crimen organizado cuando su esposo Felipe Calderón fue Presidente. Impostando la voz y con una postura firme, se dirigió a la audiencia: “Yo tengo los valores para acabar con la corrupción”.

Eliminar el fuero, cárcel y muerte civil a los corruptos es lo que dice Ricardo Anaya, incluyendo a los políticos y al primer mandatario de la nación: “el que la hace la paga”, insiste, es el nuevo lema.

Con seguridad y impecable manejo del tiempo disponible, sonríe a menudo, sobre todo cuando ataca a López Obrador o Meade.

El candidato oficial ataca a López Obrador en muchas de sus intervenciones. Argumenta que el tabasqueño esconde la propiedad de tres departamentos. Meade, tenso y casi sin gesticular, se reitera como la mejor opción por su preparación y su larga trayectoria en la administración pública.

El ganador del primer debate se retira sonriente. Los suyos lo cobijan con abrazos y vítores. Hay optimismo con el resultado de la noche. Se pronuncia satisfecho y confiado de su triunfo. Las escena se repite en cada uno de los cuartos de guerra de las campañas.