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Coatzacoalcos, un infierno; “ya no es vida”, dicen pobladores

  • Tania Aviles
  • Jueves 29 de agosto de 2019
  • en República

COATZACOALCOS, Ver.- Alma Delia Ramos Jiménez se enteró del ataque al bar Caballo Blanco a través de las redes sociales.

Acostumbrada a los hechos de violencia que se han vuelto comunes en Coatzacoalcos, la mujer se fue a dormir la noche del martes sin conocer más detalles del atentado.

A las 8 de la mañana de ayer, Alma Delia despertó con la llamada de su madre que le avisó que su hermano Ulises no había llegado a dormir. Lo último que dijo antes de salir de la casa que compartían madre e hijo es que iba a verse con una amiga a un bar, el Caballo Blanco, y que regresaba en dos horas.

“Ni siquiera iba con amigos, ni era un lugar al que frecuentara mucho. Le dijo a mi mamá que no tardaba mucho, que en dos horas volvía pero ya no volvió”, narra.

Con los ojos hinchados, la mujer asegura que a partir de ese momento ella se dedicó a buscar a su hermano en los hospitales mientras que su otro hermano buscó en la lista de personas fallecidas que no habían sido identificados. En esta última lo encontraron.

“A mí me duele mucho la muerte de mi hermano pero para mi mamá ha sido devastador. Él era su compañero, el que la cuidaba y con el que vivía porque mi papá falleció apenas en enero”, cuenta.

Ulises, asegura su hermana, era un hombre de 53 años cariñoso y tranquilo que vivía y cuidaba a su madre pero eligió un “mal día y un mal lugar” para ir a divertirse.

En el reporte que la familia Ramos Jiménez recibió de su hermano dice que el fallecimiento se dio debido a intoxicación de gases. Su cuerpo no recibió un solo impacto de bala.

“La gente nos pregunta que qué estaba haciendo en un bar en lugar de estar en su casa pero él no estaba haciendo nada malo. Nadie tiene derecho a lastimar a otras personas y eso es lo que hemos perdido aquí en Coatzacoalcos, el derecho a salir de tu casa sin que te maten”, lamenta.

Para Alma Delia y su familia, las siguientes horas serán terribles. Y es que, tras la identificación del cuerpo mediante una fotografía, su hermano se trasladó al Semefo de Cosoleacaque para recoger el cuerpo de Ulises, quien será llevado a su casa para velarlo y posteriormente enterrado en el mismo panteón en el que hace 7 meses dejaron el cuerpo de su padre.

CONTINÚA LA IDENTIFICACIÓN DE VÍCTIMAS; ENTRE COATZACOALCOS Y COSOLEACAQUE

Cerca de 200 personas esperan en los alrededores del Centro Integral de Justicia ubicado al poniente de la ciudad. Todos ellos tenían un familiar, amigo o conocido en el bar Caballo Blanco a la hora del ataque.

Tras varias horas de búsqueda en hospitales, la esperanza se acabó para ellos y solo esperan que alguien salga a decir el nombre para entrar a identificar el cuerpo sin vida de su ser querido.

Sentadas bajo una carpa blanca, dos mujeres y un hombre se miran entre ellos pero ninguno de los tres hablan. Durante más de 7 horas han permanecido en ese lugar en espera de que algún trabajador de la dependencia salga a decir el nombre de Rocío González, prima y sobrina de ellos que trabajaba en el Caballo Blanco.

“Ella trabajaba de limpieza pero es la hora en que no sabemos nada de ella. No está en la lista de hospitalizados ni en la de fallecidos pero un amigo que estaba ahí nos dijo que vio su cuerpo tirado al salir”, cuenta una de las mujeres.

La plática se interrumpe con el grito de una empleada: “Familiares de Rocío González”. De inmediato los tres se paran y reciben la noticia que tanto temían. Rocío, de 56 años, tenía 4 días trabajando en Caballo Blanco y ahí la encontró la muerte.

COLECTIVO OFRECE AGUA, MEDICINA Y APOYO EMOCIONAL A FAMILIARES DE LAS VÍCTIMAS

Desde las 8 de la mañana, integrantes del colectivo Madres Búsqueda Coatzacoalcos arribaron a las instalaciones del Centro de Justicia Integral para acompañar a los familiares de las víctimas del mortal ataque.

Cargados con botellas de agua, medicamentos, equipo de primeros auxilios, comida y dulces, los hombres y mujeres que durante años han buscado a sus hijos, hermanos y padres llegaron a ofrecer su ayuda. Ellos conocen bien el dolor de perder a un ser querido.

Fueron ellos quienes gestionaron ante el Ayuntamiento de Coatzacoalcos la instalación de sillas y carpas en los alrededores de la institución que alberga la morgue y quienes apoyan al traslado de familiares a las instalaciones del Servicio Forense de Cosoleacaque, donde trasladaron a parte de las víctimas mortales.

Lenit Enríquez Orozco, presidenta del colectivo aseguró que tras conocer la magnitud de la tragedia decidieron acudir a dar acompañamiento emocional a las familias que llegaron a buscar a sus seres queridos.

Señaló que con alimentos, agua y medicamento buscan ser útiles pero también les proporcionan orientación emocional para la pérdida que acaban de vivir. “La vida en Coatzacoalcos ya no es vida, aquí estamos en un infierno y no vemos que nadie pueda ni quiera ayudarnos”.