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“Mis hijos tienen miedo”, relata piscador mexicano

Por Filiberto Ramos Tomás

Gonzalo se apresura a levantar su cosecha de maíz. Lo que se
pueda, al menos, mientras el mal clima le da una tregua. “¡El
maíz se está pudriendo por las lluvias que no dejan de caer!”,
lamenta, piscador en mano, mientras se afana en su cosecha.

A sus 57 años poco entiende de política ni de la relación
diplomática y comercial con Estados Unidos, pero sabe que Donald
Trump llegó a la Casa Blanca como una tromba que amenaza incluso
su parcela en Santa Juana Segunda Sección, municipio de Almoloya
de Juárez, Estado de México. “La cosa está fea”, sentencia
con la fatalidad intrínseca de los campesinos mexicanos.

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Un hombre como Gonzalo, quien siembra sus parcelas, debería
cosechar para vender al mayoreo su producto y obtener buenas
ganancias por su trabajo; sin embargo, desde hace algunos años,
los precios del maíz se han derrumbado y no hay quien compre, a lo
que se suman las lluvias atípicas que afectan su producción.

Encima, se siente amenazado por el efecto Trump. Las remesas que
hasta el año pasado sus hijos le enviaban de EU están en duda
para este año.

imp-remesas

Ya en diciembre pasado, un mes antes de que asumiera el nuevo
presidente republicano, sus hijos rompieron la tradición de darse
un tiempo para regresar al país, a su familia y a sus campos para
pasar las fiestas navideñas. Gonzalo sabe que Trump no es amigo de
los migrantes y su familia prefirió no correr riesgos.

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“Mis hijos tienen miedo de que los manden de regreso para
México o que ya no los dejen pasar de nuevo”, relata Gonzalo
mientras se apura a cortar sus mazorcas y las echa un morral.

La familia del campesino es parte de los más de 11 millones de
mexicanos que sobreviven de las remesas que llegan de EU, dinero
que Trump ha amenazado con gravar para obtener recursos para
financiar un muro que a lo largo de las casi 2 mil millas de
frontera evite la migración de aquellos que buscan un sueño
americano que parece llegar a su fin.