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Frío regreso a clases en Querétaro

Eduardo Hernández

QUERÉTARO, Qro. (OEM-Informex).- Una multitud tomó las calles, la turba de padres y niños que hoy retomaron las mañanas frías, el sonido insistente del despertador, los sorbos de café y leche caliente, los quejidos matutinos y los cinco minutos más, y es que ayer 473 mil 393 estudiantes del Estado reanudaron las clases.

Temprano por la mañana, un hombre con un delantal para carnicero camina apresurado por la fría acera, con la mano derecha sostiene la de una niña de unos seis años que apenas le sigue el paso y sacude las trenzas chuecas por el zarandeo involuntario.

Con la otra mano sostiene a su hijo más pequeño, un niño de escasos tres años envuelto por varias capas de suéteres, la bufanda y el gorro, la carga le dificulta moverse con las pequeñas zancadas que necesita dar para ir acorde a su papá, pero no dice nada hasta que están frente a la entrada de la escuela.

Los tres se detienen y aspiran hondamente, “en el nombre del padre, del hijo, del espíritu santo, amén”, dice el pequeño, mientras forma una crucecita con sus dedos y se despide de su hermana.

El papá asiente con la cabeza y repite los ademanes del pequeño, “ya me voy pa” dice la niña; el hombre vuelve a asentir y se queda parado esperando ver cómo se aleja su hija, que se pierde entre la multitud.

La aglomeración bloquea la visión del papá, que pretende aguardar hasta que su hija esté en el salón; pareciera que la pequeña sabe que su padre quiere estar seguro de que todo estará bien, porque voltea a buscarlos con la mirada, da unos cuantos pasos hasta que puede dedicarles una última sonrisa y se marcha por fin. La actitud proteccionista pareciera invertirse en muchos casos, los niños miran a sus padres con una sonrisa tranquilizadora, como si con ello quisieran decir “tranquilo, sólo tengo que regresar a la escuela, todo va a estar bien”.

Aunque la escuela también representa el tormento que obliga a los pequeños a saltar de las calentitas cobijas para sentarse a estudiar; una mujer alisa con movimientos torpes el cabello de su hija antes de trenzarlo, la niña no parece resignarse a los jalones y pone cara de torturada, quizá pensando que eso le espera todas las mañanas hasta el próximo verano.

La locura se apodera de las calles aledañas a las escuelas, los deberes matutinos reclaman el espacio, acentuando el tráfico y colapsando algunas vías, pero la rutina apenas comienza.

PRIMER DÍA, EL MÁS DIFÍCIL

Los padres de familia señalaron que el primer día de clases es el más difícil porque los niños se habían acostumbrado a levantarse tarde, no obstante, aseguraron que la mayoría ya quería regresar, pero no por las ganas de estudiar, sino porque extrañaban a sus amigos y querían contarles las novedades.