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Hacinados y sin agua, realidad de migrantes

  • Tania Aviles
  • Lunes 5 de agosto de 2019
  • en República

ACAYUCAN, Ver.- Los barrotes grises de la Estación Migratoria de Acayucan se abren para dejar salir a ocho camiones de turismo de la empresa Futura.

En medio de una fuerte lluvia de verano, la caravana de autobuses avanza custodiados por una patrulla de la Policía Federal.

“Yo estuve en Cuba en la cárcel por un accidente de tránsito y le puedo jurar que, ni el peor día dentro de una prisión cubana se parece siquiera al mejor día de los que viví ahí adentro”, asegura un hombre que pasó 40 en la estación ubicada en la Carretera Costera del Golfo.

De manera anónima por temor a represalias, “Robert”, de nacionalidad cubana cuenta que dentro de la estación hay múltiples violaciones a los Derechos Humanos de las personas que ingresan. Hacinados, sin agua, con poco aseo personal y en medio del abandono de los custodios y personal jurídico de la Secretaría de Gobernación transcurren los días de cientos de personas de Honduras, El Salvador, Guatemala, Nicaragua y Cuba que han sido detenidos en su tránsito por México.

Migrantes en busca del “sueño americano” | Foto: René Corrales

La leyenda de “Bienvenidos” que lleva uno de los autobuses en la parte de enfrente contrasta totalmente con la forma en la que los 50 migrantes que van dentro se han sentido en el paso de nuestro país. “México era un país hermano o nosotros así lo sentíamos allá en la isla”, platica Robert quien a pesar de los problemas sonríe con facilidad. “Las cosas cambiaron mucho ya porque es cosa de caer aquí adentro y perder toda la dignidad que traes”, añade.

El hombre de 32 años explica que fue mediante un amparo tramitado por un abogado que él logró salir del infierno del INM en donde los custodios “trafican” con productos básicos y una Coca Cola de tres litros puede ser vendida en 150 pesos. “Hay días en los que no había ni agua que es lo más básico. La gente está enferma y no hay atención médica para todos los que están ahí dentro”, explica.

Los camiones grises van ya muy lejos pero Robert alza la mano para decirle adiós con la mano. Aunque dentro no va ningún connacional suyo -los cubanos son repatriados vía aérea-, Robert dice en voz alta “suerte hermanitos” a los camiones grises que se vuelven cada vez más pequeños con la distancia.

MILES HUYEN DEL HORROR PARA REFUGIARSE EN MÉXICO

Es lunes y decenas de migrantes esperan afuera de la Estación Migratoria de Acayucan para pasar a firmar documentos. Todos ellos fueron detenidos en diversos puntos de la entidad y remitidos a este espacio donde permanecieron algunos días. Tras su salida iniciaron un proceso legal y se encuentran a la espera de confirmar si son candidatos a tener refugio en México debido a la situación en la que se encuentran sus países de origen.

El trámite, iniciado ante la Comisión Mexicana de Ayuda a Refugiados (COMAR) es la opción que tienen para moverse libremente por el país pero además para recibir derecho a la salud, educación, trabajo y la protección del estado mexicano pero también los obligará a cumplir las leyes de este país.

De acuerdo a los datos de la Comisión Mexicana de Ayuda a Refugiados (COMAR) durante el primer semestre de este año, 2 mil 851 personas solicitaron refugio de manera oficial en México a través de la delegación Acayucan. Esta cifra, es ya superior a las 2 mil 463 personas que realizaron el trámite durante todo el 2018.

Migrante cubano en busca del “sueño americano” | Foto: René Corrales

Por cuanto hace a la procedencia de los migrantes que acuden a realizar su trámite, Honduras es el país que encabeza la lista de solicitudes de refugio seguido de El Salvador, Venezuela, Cuba, Guatemala y Nicaragua.

Sin embargo, este proceso tampoco está siendo fácil ya que implica acudir a firmar cada semana lo que impide a muchos obtener un trabajo en Acayucan que les permita mantener a sus familias. “Es complicado tener trabajo porque en cuanto les dices que tienen que faltar cada lunes”, explica Pedro, de nacionalidad cubana. El hombre, que actualmente trabaja en una carpintería local reconoce que antes de encontrar este trabajo fue despedido de una verdulería debido a que tenía que dedicar todo un día laboral a esperar afuera de la sede migratoria para estampar una firma con la que la autoridad confirma que no han huido.

Una nube negra en el cielo advierte que pronto comenzará la lluvia. Es medio día y afuera de la Estación Migratoria se encuentran alrededor de 20 personas. Son hombres, mujeres, niños que esperan que un guardia los deje pasar de uno en uno o en grupos a la firma semanal de la Comar.

Sin embargo, la mayoría de las veces la espera transcurre en medio de temperaturas cercanas a los 40 grados y bajo un sol que ha provocado deshidratación y desmayos entre los migrantes.

Una familia originaria de Honduras explica que hace unos días, dos personas cayeron desvanecidas mientras esperaban pasar a firmar debido a que los guardias del lugar no les permitieron ingresar a la zona arbolada de la Estación Migratoria. Semanas antes, una persona con epilepsia convulsionó ahí afuera ante la indiferencia del personal del Instituto Nacional de Migración. “Tuvimos que echar abajo la puerta a golpes casi para que saliera alguien porque los empleados entraban y salían sin importarle que alguien estaba ahí tirada con la lengua de fuera y pasándola muy mal” explica la madre de familia.

Tras el alboroto, narra, se brindó la atención médica. “Pero solo con golpes en las puertas reaccionaron”, lamentó.

MIGRANTES VIVEN ENTRE MALOS OLORES, EXCREMENTO Y HACINADOS

Quienes permanecen a las afuera del lugar que administra el Instituto Nacional de Migración confirman el mal estado en el que se encuentra el centro. Baños colmados de excremento, colchonetas sucias y rotas, escasez de agua, falta de atención médica y desinterés por parte del personal es parte de lo que vivieron adentro los extranjeros que ahora buscan refugio en este país.

Aunque el lugar tiene capacidad para 700 personas, quienes han pasado por ahí aseguran que hay más de 2 mil personas ya que diariamente ingresan cerca de 10 camiones llenos de nuevos detenidos.

Para las mujeres y los niños, la situación en la estación es ligeramente mejor ya que reciben un trato más digno sin embargo para los hombres es más difícil ya que a las carencias de artículos básicos como colchonetas para dormir se le suma las riñas que son constantes por la desesperación.

Hay más de dos mil personas en un lugar en el que no caben ni mil, eso es inhumano. Eso no es un centro de atención es una cárcel para personas que no han cometido delitosseñala Pedro quien viaja con su hermano, cuñada y sobrino de 10 años

Apunta que la alimentación es otro problema en la estación ya que no hay hora fija para recibir comida y las condiciones en las que son alimentados tampoco son las ideales. “Le echan picante a la comida y hay muchos de nosotros que no comemos picante y si les dices pues te la quitan y te quedas sin nada por protestar”, explicó.

Carlos Enrique Escalante, director de Atención a Migrantes del Gobierno del Estado habría reconocido que aunque la Estación Migratoria de Acayucan tiene capacidad para 800 personas, han llegado tener record de 3 mil lo que implica condiciones de hacinamiento, derivado de la falta de espacio.

Sin embargo, la violencia no sólo se ejerce en contra de quienes pasan de manera ilegal por México sino también en contra de sus familias que se quedaron en sus países de origen. Y es que, de acuerdo a los abogados que se encuentran siguiendo los procesos legales de los centroamericanos, las familias han recibido llamadas de extorsión y muchos han entregado dinero por familiares que se encuentran en el centro. “Eso nos hace pensar que desde este mismo lugar se pudieran estar filtrando información confidencial para este tipo de delitos”.

Aunque esto no ha sido confirmado, lo que si se está haciendo de manera irregular dentro de la Estación Migratoria de Acayucan según los abogados es la integración de los expedientes administrativos de quienes ingresan diariamente a través de camiones de turismo.

“A todos se les tendrían que abrir un expediente en el que se consigna sus datos generales, la manera en la que fueron detenidos, el estado de salud que tienen y una especie de declaración sobre la forma en la que entraron a México”, explica una abogada. “Nada de eso se hace. Tú llegas a preguntar por alguien y te dicen que no está cuando sabes que sí y eso es por la falta de control que se tiene”.

Migrantes en busca del “sueño americano” | Foto: René Corrales

RÍO BLANCO, Ver.-Las ramas de un árbol cubren del sol a una decena de hombres. De vez en cuando, giran la cabeza hacia la izquierda y con la mirada siguen el camino de las vías con la esperanza de ver aparecer la luz del tren que los llevará en su camino rumbo a la frontera norte de México.

Se trata de los últimos 10 hondureños de un grupo de al menos treinta que llegaron el día anterior al municipio de Río Blanco, en la zona centro de Veracruz. El cansancio les impidió despertar por la madrugada para tomar el tren matutino que si abordaron sus connacionales por lo que ahora tendrán que esperar unas horas más para subir al siguiente.

Sin embargo, la siesta improvisada en el patio de un vecino de la colonia Modelo podría significar el fin del “sueño americano” para todos ellos. Y es que, el incremento de los controles migratorios así como el número de elementos de seguridad desplegados en los kilómetros de vías férreas hacen más difícil el tránsito por nuestro país para los miles de centroamericanos que abordan la “bestia”.

Yo salí de mi casa hace 21 días y en otras fechas, usted sabe, en 21 días ya estaríamos en la frontera con Estados Unidos pero ahorita estamos a medio camino porque se nos está complicando mucho esto. Hay más retenes, en cada pueblo hemos visto policías. Lo están reforzando, están controlando más estodice un hombre de 38 años sin dejar de voltear hacia las vías

“Carlos” es originario de la capital de Honduras de donde salió con rumbo a Illinois, Estados Unidos, para reencontrarse con su padre quien ya trabaja allá. Su plan es simple: llegar al país del norte, conseguir un trabajo y mandarle todo el dinero posible a su familia para que puedan resolver sus necesidades básicas y después ahorrar para salir de Honduras. “Allá lo matan a uno por cualquier cosa. Si alguien anda en algo lo matan pero si no anda también”.

Con una hija de 11 años y un hijo de 9, Carlos sabe que no debe perder más tiempo y tiene que sacar a ambos de su país antes de que alguno de ellos sea coaptado por las bandas delictivas que operan en el territorio. “Si eso es complicado para uno como adulto imagínese cómo está la cosa para los niños. Por eso no pienso dejar que mis hijos crezcan allá, yo necesito buscarles una mejor vida”, asegura.

A pesar de la hora, ninguno de los 10 hombres hondureños cuyas edades van de los 17 a los 50 años ha probado alimento desde la noche anterior cuando juntaron el dinero disponible de todos para comprar algo de comida. Esa es otra de las cosas que ha cambiado en México, señala Carlos, ya gente de la zona ya se cansó de ser solidaria con los migrantes que diariamente circulan por su municipio.

“La gente ya se siente diferente, no sé si es que ya está cansada de tanta gente que pasa por aquí todos los días o es que han comenzado a creer que somos gente mala, ¿me entiende? También es cierto que somos muchos y que si la gente le da diez en la mañana y en la tarde le piden otros diez pues se pone más complicado”, señala pero de inmediato recula. “No crea que somos malagradecidos, no, nunca. Hemos conseguido y aún queda mucha gente buena que nos da, ya sea la plata para comprar o comida que tienen en su casa. El mundo así es: hay gente buena y mala”, sentencia.

MÉXICO PODRÍA CONVERTISE EN EL SUEÑO AMERICANO

El sonido del tren interrumpe de manera abrupta la conversación. Los que estaban sentados se ponen de pie de inmediato, toman sus pocas pertenencias. Descuelgan la cobija que instalaron en el árbol para tener más sombra y se disponen a correr. Tras unos segundos se dan cuenta que el “tren” que pretendían abordar es sólo la máquina haciendo maniobras en el laberinto de vías.

“Es la tercera vez que nos pasa. Se siente bien feo porque corre la adrenalina y de pronto se baja”, asegura “Juan” de 19 años. El joven hondureño lleva un mes en la ruta junto a su hermano con rumbo a Estados Unidos donde buscarán establecerse y “hacer dinero” para mejorar la vida de sus hermanos menores y su madre quien se quedó “rezándole a todos los santos que conoce” para que el camino les sea fácil.

Juan coincide en ha sido complicado conseguir trabajo en México para ganarse lo de la comida ya que nadie quiere abrirle sus casas a desconocidos.

Hemos pedido trabajo a la gente limpiando el patio o algo a cambio de dinero o comida pero nada. Yo creo que la gente tiene miedo por las cosas que están pasando aquí y no dudo que haya quienes vienen con malas intenciones y a aprovecharse. El problema es que por unos pagamos todos

Pese a esto, el joven señala que de encontrar muy complicado el cruce en la frontera, él y su hermano no arriesgarán la vida y optarán por quedarse en México, buscar la legalización y conseguir trabajo de albañilería, oficio que ambos conocen. Y es que, la difícil situación económica que tienen en Honduras no les permitió juntar los 20 mil pesos mexicanos que requerían para tener un cruce seguro por lo que ambos hermanos se piensan aventurar por el desierto que ha cobrado miles de vidas.

“Yo le digo a mi hermano que hay que esperar a que se calme esto y tratar de trabajar un tiempo en México”, señala. “Yo la verdad es que si tengo miedo de pasarme a la mala así que ojalá pudiéramos arreglar los apeles en México para ser legar y poder trabajar en tanto se pone más fácil el cruce”, dice.

El joven reconoce que ante el incremento en las medidas de la guardia fronteriza en Estados Unidos, México se ha convertido en el nuevo “sueño americano” para miles de centroamericanos que ahora piensan en establecerse en nuestro país y hacer dinero para traer a su familia a vivir aquí. “Si puedo andar legal aquí y consigo un trabajo pues pienso ¿ya para qué me voy a Estados Unidos? Lo que quiero es tener dinero que me permita apoyarlos. Mi único sueño es una mejor vida para mi familia. No hay más”, señala el joven cuyo rostro lo hace parecer aún adolescente.

“ES DIFICIL SALIR DE CASA PERO MÁS DIFÍCIL ES QUEDARSE”

A pesar de estar ahí, el grupo de hombres parecieran invisible para las cientos de personas que transitan entre ambos lados de las colonias Marco Antonio Muñoz y Modelo un martes a las 3 de la tarde. Acostumbrados a la presencia de inmigrantes –en su mayoría centroamericanos-, los habitantes de Río Blanco continúan su vida normal sin prestar atención a ellos.

Entre el grupo de catrachos, “Hugo” destaca por sus rasgos físicos. Basta con que comience a hablar para adivinar que el joven de 32 años nació en Cuba de donde salió desde noviembre del año pasado en busca de un lugar donde vivir y trabajar. Tras siete meses de camino ha recorrido Guyana, Brasil, Perú, Ecuador, Colombia, Panamá, Costa Rica, Nicaragua, Honduras, Guatemala y México sin encontrar una oportunidad laboral por lo que seguirá su camino hacia los Estados Unidos en donde planea pedir asilo y conseguir papeles.

Foto: Archivo

“Mi idea es llegar y empezar los trámites para tener trabajo de manera legal” asegura e inmediatamente baja un poco el tono de voz para no ofender a sus nuevos compañeros de viaje, “yo he escuchado que para la gente de Cuba es más fácil entrar que para los demás países”, señala.

Por su risa pareciera que el camino de Hugo ha sido fácil sin embargo, en cuanto comienza a narrar la historia se le llenan los ojos de lágrimas. Y es que, la selva panameña le arrebató al amigo con el que emprendió el viaje y tuvo que dejar su cuerpo abandonado junto a las pertenencias de ambos para conseguir ayuda y salvar la propia vida.

A pesar de esto, el joven cubano explica que seguirá viajando y buscando empleos temporales que le permitan comer “aunque sea una vez al día” y llegar a Estados Unidos en la mejor forma. Si el plan falla, dice, buscará oportunidades laborales en nuestro país cobijado con la esperanza de que Cuba y México son naciones hermanas. “Este país es muy bonito y me gustaría hacer mi vida aquí”, señala.

Uno del grupo llega con dos botellas de refrescos y un paquete de galletas y de inmediato todos se disponen a comer y beber para tener algo de fuerzas antes de que pase el tren. A falta de vasos, buscan entre la basura dispersa en las vías botellas de pet usadas, las sacuden un poco para deshacerse de los restos del contenido original y los llenan de refresco.

Foto: Raúl Solís

Entre risas chocan los improvisados vasos entre ellos y brindan por el futuro. Pareciera que con el sonido que hacen los envases quisieran ahuyentar los peligros que la travesía de más de 2 mil 500 kilómetros que les espera.

Después del tercer vaso de refresco, Hugo sonríe y cuenta que a pesar de las dificultades del camino, ninguno de los hombres sentados en las vías ha sido víctima de la delincuencia en México. “Pero además, qué nos van a robar si no traemos nada en la bolsa. Pedimos para comer y para seguir el viaje”, concluye el joven justo a tiempo para agarrar el último pedazo de Pancremas y guardar la bolsa vacía en la mochila que lleva en la espalda.