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Farero en tiempos de Guerra

  • Sábado 27 de enero de 2018
  • en Justicia

De andar lento y sonrisa franca, don José García García se desplaza paciente por su casa localizada muy cerca de la desembocadura del río Pánuco al Golfo de México, en el municipio de Ciudad Madero, al sur de Tamaulipas, mismo sitio donde se desempeñó como el farero del Puerto de Tampico durante la Segunda Guerra Mundial.

Nació un 13 de abril de 1927, hijo de don José García Monasterio, originario de Querétaro y quien también fue guardafaro de esta zona, y la señora Juana García de García, originaria de Tula, Tamaulipas, por lo que don Pepe, hoy de casi 91 años, nació en una familia dedicada a operar esta estructura marítima.

Cuando apenas tenía un año, su padre fue ascendido al área de alumbrado marítimo de la Secretaría de Marina, por lo que toda la familia partió a la Ciudad de México, donde permaneció hasta los 14 años.

 

FARERO DE GUERRA

Con 15 años de edad le ofrecieron seguir los pasos de su papá y encargado del faro, lo que aceptó sin pensarlo, ya que necesitaba apoyar en los gastos de la familia, además que le ofrecían una vivienda al pie del faro en una construcción empilotada.

Era el año de 1942, en pleno auge de la Segunda Guerra Mundial, la Marina Nacional ordenó que los faros de la región del Golfo de México permanecieran apagados ante la amenaza alemana y japonesa, extinguiéndose el haz de luz.

 

EL OSCURECIMIENTO

Esa época fue conocida en esta zona costera como “el oscurecimiento, donde el terror de ser blanco de bombarderos submarinos y acorazados llegaba en forma de brisa desde el Golfo de México.

La cronista de esta zona porteña, Carolina Infante Pacheco, refirió a El Sol de Tampico que “con un silbido que emitían las refinerías El Águila y Mata Redonda todo se apagaba, hasta las calles y las casas”.

A las viviendas se les colocaban cortinas o pintaban los cristales de negro, para que no escapara ni un solo rayo de luminosidad que diera referencia a los que acechaban, luciendo la costa del sur de Tamaulipas en una pesada penumbra.

Y el miedo era fundado, ya que entre 1942 y 1944 fueron hundidos frente a las costas de Tamaulipas los buques “Tuxpan”, “Amatlán”, “Las Choapas”, “Juan Casiano”, “Faja de Oro”, “Potrero del Llano” y el vapor nacional “Oaxaca” con 63 tripulantes, cuyo recuerdo yace en la columna del Monumento a los Marinos Caídos en el acceso a las escolleras de playa de Miramar.

“Solo prendía el faro de día para que no se pegaran los engranes”, dijo don Pepe, quien pese a sus más de nueve décadas de vida recuerda que en septiembre de 1945, con la rendición de Japón ante los Estados Unidos, volvió a subir la escalinata de 209 peldaños para encender el faro, que desde entonces ha guiado a los buques cargueros, petroleros y camaroneros al emblemático Puerto de Tampico.