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La soldado Zapata, entre armas y camiones, entre grasa y municiones

  • Tania Aviles
  • Miércoles 16 de octubre de 2019
  • en República

A sus 13 años y siendo aun una niña, pero llevando su gusto corriendo por sus venas, María de Lourdes Zapata Jiménez, Soldado Policía Militar, aprendió el oficio de operadora de unidades pesadas en un viejo autobús Dina Olímpico y en un Somex 5000, que en ese entonces conducía su padre.

Sus años de adolescencia y juventud transcurrieron entre la grasa de motor, el olor a diesel y las curvas, los columpios y las rectas de la cinta asfáltica, haciendo realidad su sueño.

No fue hasta 15 años después, que el amor a la patria, el respeto a las Fuerzas Armadas y el clima de inseguridad, motivaron a la ya para entonces madre de un pequeño de 7 años y esposa de un elemento de seguridad, a ingresar a las Fuerzas Armadas, como soldado operativa y operaria de transporte.

“Me gusta mucho la disciplina, el uniforme, pero sobre todo me gusta servir a mi país, afortunadamente no me fue tan difícil ingresar al Ejército, cubrí los requisitos, reuní los parámetros y surgió la idea porque me gusta la paz que se lleva a la población con los patrullajes”.

 

Una de sus principales satisfacciones es, dijo; quitar de las calles a personas que hacen daño a la sociedad, “me gusta esa paz que uno genera a la población”, como soldado de arma, realiza también funciones operativas al igual que los hombres, combinando la conducción con las armas.

“Conduzco camionetas Cheyenne, camiones 6.5 y camionetas 3.5, soy una conductora de las Fuerzas Armadas, con adiestramiento para conducción en combate”. La soldado Zapata cuenta con los conocimientos y habilidades para conducir en situaciones críticas durante los operativos.

“Como conductora, mi única responsabilidad es proteger al personal, sacarlo de las zonas de peligro y llevarlos con bien a una zona segura y fuera de riesgo”.

Perteneciente a la Policía Militar, área del Ejército asignada ahora a la Guardia Nacional, la Soldado Zapata se ha ganado el respeto y apoyo de sus compañeros como mujer en una área donde predominan los hombres.

En este contexto, dijo que las mujeres no deben tener limitaciones en sus sueños si desean integrarse a las Fuerzas Armadas, y en sí a la Guardia Nacional, “No tengan limitaciones, ya se ha abierto el camino y se impulsa el empoderamiento de la mujer dentro de este sector. No se limiten, todas somos capaces, aquí no se ven estatus sociales ni otros factores, aquí todas somos iguales con capacidades y virtudes”.

Destacó las bondades de las prestaciones dentro del Ejercito y Guardia Nacional, además de la disciplina, “se refuerzan los valores y obtienes una seguridad y un conocimiento que no se adquieren en cualquier otro trabajo”.

A casi tres años dentro de la Policía Militar, porta con orgullo y gallardía el uniforme militar, combinando su pasión por servir a México, con su pasión de niña. Sigue manchando sus manos con la grasa de motor, sigue oliendo el diesel y sorteando las curvas, los columpios y las rectas de las carreteras como una constante, pero siempre orgullosa, siempre valiente, siempre dispuesta, y siempre con su arma de cargo y en la mente la imagen de su hijo como principal compañía.