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Ataúdes para todas las tallas

  • Miércoles 25 de octubre de 2017
  • en Sociedad

Las funerarias son un buen negocio, “es como todo, nosotros quienes nos dedicamos a la fabricación tenemos que adaptarnos al precio y quienes verdaderamente ganan son los funerarios. Yo le gano poco a una caja, pese a ser yo quien las elabora”, expresa don Andrés Guadarrama, quien desde hace 28 años se dedica a elaborar de manera rústica ataúdes que después son exhibidos en grandes funerarias a precios realmente estratosféricos.

Además, su producto no siempre es convencional, pues existen peticiones especiales como cajas de mayor tamaño dadas las tallas de los difuntos, sobre todo cuando las personas fueron muy altas en vida. Afirma que, aunque raro, mediante un pedido especial se logra la entrega. “Aquí las cajas las elaboro al tamaño estándar, de lo ancho es lo mismo en todas y de altura son dos metros, no más”, informa.

“Hay casos en los que te pueden pedir una caja especial, debido a la altura que puede llegar a tener el muerto, pero a lo máximo que puede llegar un ataúd es de dos metros con 25 centímetros”

No obstante, el sobrepeso no es impedimento y todo se puede solucionar. “Apenas le hice un servicio a un cliente y la señora estaba muy gordita, fue la misma caja y solo ocupamos una venda para que pudiera entrar”.

Lo cierto, reveló don Andrés, es que son pedidos muy esporádicos; quizás uno o dos al año. “Son pedidos especiales, no muy comunes, ya que la mayoría de las cajas tienen un tamaño estándar”, enfatiza.

 

ALTRUISMO

Con todo, y a pesar de ser un negocio, admite que quienes le solicitan su trabajo no siempre previeron una eventualidad como la muerte, por lo que no están preparados para el desembolso, en la cantidad que sea.

“Mira, aquí ha venido gente sin dinero y requiere de una caja; la verdad casi se la regalo, pues yo sé lo que a mí me cuesta, pues fabrico el ataúd desde un clavo hasta la tela que lleva el interior de la caja e inclusive la misma pintura, o sea, el acabado”, dice el fabricante en su pequeño taller en la comunidad de San Francisco Tlalcilalcalpan.

En el interior de su fábrica, que comprende solo un cuarto de tres por cuatro metros, el hoy vecino de la calle Hidalgo, en el municipio de Almoloya de Juárez, comparte su historia y recuerda que, ante la falta de un empleo, se presentó hace muchos años en una de las funerarias más importantes de Toluca y le ofrecieron la oportunidad en el taller de este

negocio.

“Ahí comencé a aprender cómo se hacía una caja, solo veía y después, cuando llegaba a mi casa, practicaba. Es más, me traía todo el desperdicio y lo utilizaba en mi casa, así comencé”, indica.

Una vez que aprendió el oficio, dijo, procedió a comprar la materia prima para luego habilitar un pequeño cuarto de su vivienda y arrancar con el negocio que hasta hoy día le da para comer. “Esto me da para comer, no para hacerme rico, pues no soy una funeraria; al contrario, yo le surto a las funerarias para que ellos se hagan ricos”, dice con certeza.

Don Andrés refiere que cuando tiene un pedido bueno llega a fabricar hasta un par de cajas diarias. “Vienen de Oaxaca a comprarme cajas; es más, se acaban de llevar un viaje apenas. Obvio, cuando tengo mucho trabajo me levanto a las 3:00 de la madrugada para elaborar las que me piden”.

PARA TODOS LOS BOLSILLOS

Narra que en una ocasión fue a dejar un pedido a una funeraria de la ciudad de Toluca y cuando se encontraba descargando un cliente que platicaba con el propietario del negocio le preguntó cuánto costaba un ataúd que él estaba bajando: “Casi me voy de espalda; yo le vendía las cajas en mil 500 pesos y el funerario se la vendió a un cliente en 13 mil pesos”, dice sorprendido.

Esto, dijo, es solo un ejemplo, pues es posible encontrar una caja que aquí, a lo mejor debido a la elaboración y el material que se lleva, vale 10 mil pesos, pero en una funeraria el precio llega hasta los 60 mil. “Es más, los mismos funerarios llegan a vender las losas que van encima de los ataúdes y las cobran en dos mil pesos el juego que comprende cinco; yo las vendó en 550 pesos”.

Detalla que en su negocio cuenta con ataúdes que van desde los dos mil pesos hasta los seis mil pesos. “Vendo la caja a precio de fábrica, porque yo la hago y sé cuánto le puedo ganar.