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CDMX se convierte en inframundo por Desfile Internacional de Día de Muertos

Miles de almas llegaron al “inframundo” y presenciaron el desfile en el centro de la ciudad

Más de 2 millones de almas llegaron al “inframundo” y presenciaron el Desfile Internacional de Día de Muertos que bañó con cempasúchil y misticismo a la gran Tenochtitlán.

Tláloc cumplió su amenaza de desatar una tormenta, pero esto no desanimó a los más de mil voluntarios que, disfrazados de charros, catrines, chinas poblanas y calaveras, emprendieron el recorrido de la cuarta edición del desfile que este año cambió su ruta, ahora del Zócalo a Polanco.

Foto Alejandro Aguilar | El Sol de México

Adelitas y revolucionarios en compañía de Diego Rivera y Frida Khalo, recorrieron Avenida 5 de Mayo al ritmo de guitarrones, trompetas y tambores.

Mictlantecuhtli, Dios del inframundo, se asomaba entre los enormes edificios de la Ciudad de México, frente a él un enorme Xoloitzcuintle lo escoltaba y una ofrenda lo veneraba.

Avenida Paseo de la Reforma se llenó de novios, a quienes la muerte no logró separar, y muchos menos pudo detener la música de Juan Gabriel que retumbaba frente al Ángel de la Independencia.

Foto: Alejandro Aguilar | El Sol de México

Calaveritas de azúcar, papel picado y pan de muerto “endulzaron” y “derramaron” chocolate sobre las calles cubiertas de confeti y flores.

En medio del baile y el color apareció una clásica carroza fúnebre, la cual puso unas notas melancólicas en honor a aquellos que ya se fueron.

Diablitos perseguían a los cupidos que estaba dispuestos a flechar a todos los asistentes del desfile.

Foto: Alejandro Aguilar | El Sol de México

La muerte y la lluvia no asustaban a los danzantes que provenían de San Luis Potosí, Guerrero, Estado de México, Tamaulipas, Sinaloa y Oaxaca.

Ya entrada la fiesta, llegaron los luchadores a romperse los huesos con la fuerza y espíritu del Santo, el enmascarado de plata, y Blue Demon.

Una marioneta gigante de mariposa monarca marcaba el final del festival, era hora de que las calacas se fueran a descansar a Polanco, cobijadas en una manto de cempasúchil, no sin antes, amenazar con regresar el próximo año.