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Cortadores de caña cumplen jornadas de sol a sol

En cada zafra a la entidad se movilizan más de 14 mil campesinos de los estados de Oaxaca y Puebla y de los municipios veracruzanos de Coscomatepec, Alpatláhuac y de la sierra de Zongolica; tan solo en la zona centro, donde se asientan la mayoría de ingenios, cada año se emplean más de siete mil cortadores foráneos.

A estos trabajadores se les paga por metraje o tonelada. A 45 centavos metro y 48.50 pesos la tonelada de caña cortada. En algunos casos hasta 50 y 60 pesos. Reconocen dirigentes cañeros que pese a los albergues que se acondicionan para darles alojamiento “los cortadores de caña viven en condiciones infrahumanas”.

En la actualidad cobran un poco más si en el área a cortar hay polvo picapica o tiene abundante maleza. Eso sí, su trabajo ya no solo lo realizan en compañía de su machete y la lima, sino también llevan sus teléfonos inteligentes.

¿Y qué hacen cuando no hay corte de caña?, pues siembran para autoconsumo o se van a la Ciudad de México a trabar de albañiles o meseros.

En el corte puede ganar hasta tres mil pesos semanales, pero para eso deben empezar a trabajar a las cinco de la mañana, exponerse a temperaturas de 40 grados centígrados y andar con las caras cortadas por las hojas de la caña.

Desde hace 25 años Carlos Clemente Hernández sale de su tierra natal, Coxolico, municipio de Ajalpan, en el estado de Puebla, para incorporarse a la cosecha de caña que, por lo regular, inicia a finales de noviembre. Señala que, antes, de su terruño lo acompañaban alrededor de 50 vecinos, entre hombres y mujeres. Hoy, son 30 y no viajan mujeres para el corte, solo tres para cocinar y dar de comer a todos.

“Tenía 15 años de edad cuando llegué a estas parcelas; en esta zona pagaban a 14 centavos el metro de caña cortada. Hoy lo pagan a 45 y hasta 48 centavos y cada cortador llega a ganar de dos mil 500 a tres mil pesos a la semana, trabajando desde las cinco de la mañana hasta las ocho de la noche”.

Con ropa sucia por el tizne, camisa de manga larga y chamarra, cubierto de la cabeza y con algunos cortes en el rostro hechos por las hojas de la caña, el cabo de grupo Carlos Clemente comenta que cada zafra esperan ser llamados por los productores de caña que abastecen al ingenio El Potrero. “Pero ya no traemos mujeres, se quedan a cuidar a los hijos. Antes jalábamos con todos y hasta los chiquillos ayudaban al corte”.

Al finalizar la cosecha la mayoría se va de la zona porque en su lugar de origen tienen que sembrar maíz, para autoconsumo. Una vez que atienden sus siembras nuevamente emigran y “la mayoría se va a México, de albañiles, meseros o cualquier otro oficio, hay que trabajar para mandar dinero a la familia”.

Al momento que el jefe de grupo le da algunos medicamentos, pues se siente resfriado a consecuencia de las bajas temperaturas y cortar caña recién quemada, Carlos Clemente expresa tener Seguro Social “pero ir a consulta es perder el tiempo”, prefiere ingerir algunas pastillas y no abandonar el corte, “porque la casa pierde”.

Es preciso señalar que en toda la zona centro, después de febrero, se registran temperaturas superiores a los 40 grados centígrados y es cuando más se corta caña quemada. Por ello, algunas organizaciones cañeras ofrecen suero oral y lámparas para que inicien el corte desde la madrugada, para evitar los intensos rayos del sol al mediodía.

Tanto en los ingenios Central El Potrero, como Central Progreso, se acondicionan albergues que tienen agua potable o pozo y a los cortadores de caña se les apoya con despensas. El reclutamiento de cortadores foráneos se ha reducido en esta región, pues muchos prefieren ir a San Luis Potosí, donde perciben mayores ingresos, también en el campo.

NO HAY CABIDA A MIGRANTES

A la zona de abasto de ingenio Central El Potrero llegan mil 300 cortadores. En ingenio Central Progreso son más de 450, aunque en este último se dispone en total de dos mil trabajadores del campo. Sin embargo, hay la certeza de que en la región no se emplea a migrantes, pues los trabajadores que proceden de la sierra de Zongolica y los estados de Puebla y Oaxaca, de inmediato se afilian al IMSS y tienen que presentar documentos. Los ilegales no se detienen, van en busca del sueño americano.

Alfonso Vivanco Villanueva, jefe de grupo de cosecha número 214 de ingenio Central El Potrero, dijo que en la actualidad el cortador foráneo se da su lugar. “Ya no viste su ropa de manta; protesta por el pago argumentando que la tonelada de caña está a 900 pesos y por ello debe ganar más. Pero también descansa el día que quiere y si está en malas condiciones la parcela donde va a laborar, también exige unos pesos más”.

Sorprende al jefe de grupo que el cortador foráneo “ya no se deja manipular, en su dialecto se comunican y finalmente exponen qué es lo que determinaron “…y hay que aceptar, aunque no haya caña en el batey dicen: hoy no trabajamos, y no trabajan. Tenemos que buscar la forma de estimularlos para que vayan al campo si el ingenio requiere de materia prima”.

“Hoy se presentan con otra vestimenta y sin mujer; solo acompañan al grupo tres cocineras; las cuidan. En otras cosechas llegaban hasta con cuatro mujeres; o sea, cada uno “tenía hasta cuatro viejas”. Si en anterior ocasión ya fueron dados de alta en el IMSS, solitos se inscriben en un ciber. Te presumen un moderno celular cuando tú tienes un “ladrillo”, la comunicación con su familia es constante”.

TAMBIÉN SE PENSIONAN

Los cortadores de caña también se pensionan y reciben Afore. Por ello se preocupan en afiliarse al IMSS. Y no se permite laboren menores de edad. Aunque Alfonso Vivanco cuestiona: “qué hacer cuando llega un cortador de caña de 14 o 15 años de edad y te pide trabajo porque ya tiene mujer de 13 años de edad y está embarazada. El Gobierno prohíbe, pero es una situación que debe considerarse”.