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Legítima defensa o legitimar la violencia

  • Viernes 2 de junio de 2017
  • en Sociedad

por Javier Cruz Angulo / Colaboración
especial

Los mexicanos estamos nadando en un
mar de violencia. La violencia la ejercen los delincuentes, los
agentes del Estado mexicano o la sociedad a través de
linchamientos o justicia de propia mano. El problema no es sencillo
y por ello, no admite respuestas triviales, simples o repeticiones
a través de hashtag. Tratar de solucionar un evento delictivo (o
la violencia) por medio de fórmulas mágicas o reduccionismos,
solo refleja la incomprensión de la problemática que atraviesa el
país.

El delito y la violencia son tan
viejos como la propia humanidad y no hay un lugar en el mundo,
donde estos fenómenos no sucedan en mayor o menor medida. No
importa si el sistema penal contempla pena de muerte como en
Estados Unidos de América o es tan benevolente que sobran
cárceles, como el de Noruega. Lo cierto es que la violencia y los
delitos no se erradican ni se extinguen. Así las cosas, el punto
es reducir al máximo posible las causas del evento delictivo, las
agresiones, la crueldad y los conflictos sociales. Para ello, se
debe entender que las causas del delito son múltiples:
económicas, sociales, atizadas por políticas públicas criminales
específicas, etcétera. Las causas pueden incluso referir a
circunstancias individuales, tales como condicionantes
siquiátricas.

No te pierdas: 

Legítima defensa, bajo la lupa: CNDH
armas-1


En respuesta a la ola de violencia
que se vive,
la legislatura del estado de Nuevo León
decidió modificar el artículo 17 de su Código Pena

l y,
con ello, ampliar los supuestos de legítima defensa. En mi
óptica, los legisladores dieron una respuesta simple a un problema
grave y no consideraron las consecuencias potenciales.
El
concepto clásico de legítima defensa se refiere a quien rechaza
una agresión real

, actual e injusta en sus bienes o en la
propiedad de terceros, para protegerse o para resguardar a
terceros, siempre que exista necesidad y proporcionalidad en el
ejercicio de la agresión. Ahora, el poder legislativo de Nuevo
León lo amplió para que las personas puedan repeler los actos de
una persona que trate de ingresar a sus hogares o a lugares que
deban proteger.
Los legisladores no contemplaron los
conceptos de necesidad y proporcionalidad, ya que la ley permite
matar al supuesto agresor.

Me parece que detrás de esta
modificación legislativa hay un mensaje sencillo: que los
ciudadanos no tengan miedo de ir a la cárcel si matan a una
persona que trate de ingresar a sus casas, negocios,
etcétera.

Más información: 

Controversia por uso de armas en Sonora y Nuevo León


La reforma en Nuevo León
crea un arco de libertad para matar y responsabiliza al ciudadano
de cuidar su casa

, su negocio y su familia. Ya sabemos que
la delincuencia está desbordada, que los cuerpos policiacos se
pueden coludir y que dentro de los grupos delictivos podemos
encontrar expolicías o exmilitares. Sin embargo, la respuesta no
está en retroceder 100 años y delegar a cada persona la
responsabilidad de cuidar su hogar. Ésta es tarea del Estado. Esto
es, las personas deben estar tranquilas en su casa, no por la
capacidad de matar al agresor, sino porqué el Estado realiza su
labor de protegerlas. Los mexicanos debemos estar seguros en
nuestros negocios porque el Estado se encarga de generar las
condiciones para vivir en mediana paz. El Estado se debe hacer
responsable de nuestra seguridad y la de nuestros bienes. El Estado
no debe delegarnos la responsabilidad de cuidarnos.

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Una imagen práctica de la propuesta
de la legislatura de Nuevo León está en el reciente caso del
ciudadano ruso Aleksei Makeev, quien, sin duda, es una persona
disfuncional dentro de la comunidad política en que vivía ¿Qué
hizo el Estado ante las evidencias del comportamiento de Makeev? La
respuesta es nada. Por ello, la ciudadanía decidió entrar a su
casa y hacer justicia de propia mano ¿Qué hizo la policía? Nada.
El ciudadano ruso en legítima defensa privó de la vida a una
persona que allanó su domicilio y lesionó a otra. Si esto hubiese
ocurrido en el Estado de Nuevo León, bajo la nueva normatividad,
se entendería que el ciudadano ruso podía matar a todas las
personas que se agolpaban a la entrada de su casa. El ejemplo es
elocuente sobre las implicaciones de una reforma que no logra que
las reglas de la legítima defensa sean razonables, sino que
proporciona una licencia para matar.

Necesitamos exigir que el Estado
resuelva las causas de la violencia que está ahogando al país,
para que logremos una sociedad estructurada y armónica. No
necesitamos que el Estado nos eche pedazos de madera para que cada
quien flote en este caótico mar por su cuenta. Aleksei Makeev y
sus vecinos ya nos enseñaron cómo es la justicia de propia mano,
que lástima que la legislatura de Nuevo León siga sus
pasos.