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Zaachila, un pueblo zapoteco que te recibe como en casa

Por Luis Juárez

Cada rincón de México es tan distinto que te acabas la vida en tratar de descubrir todas las poblaciones con sus tradiciones, costumbres, comida, leyendas, arte popular y arquitectura. Todo esto le da identidad a cada estado del país, como es el caso de Oaxaca que guarda entre sus tesoros, pueblos encantadores.

Así es Zaachila, un conjunto de atractivos que permanece vigente hasta nuestros días, y lo resume en ser un pueblo con una cultura viva en donde las tradiciones se rescatan como parte de la herencia y personalidad autentica y autóctona.

Enclavada en un Valle que recuerda a las postales de José María Velasco, la pequeña villa te recibe entre fiesta y calendas, solo bastan 20 minutos desde la ciudad de Oaxaca para llegar ahí

Todo el año parece que la gente vive intensamente, es quizá el porqué de las sonrisas permanentes de los lugareños y es lo que te contagia, te hace sentir que estás como en tú segunda casa.

Para conocer más este rinconcito de Oaxaca, un grupo de amigos decidimos tomar un tour guiado. La bienvenida estuvo a cargo de un excelente guía: Luis Félix, quien en cada momento demostró una pasión desbordada por el lugar que lo vio crecer.

La visita comenzó con un recorrido por los nueve barrios del pueblo, una mezcla cultural entre zapotecos y colonizadores. Cada capilla perteneciente a los barrios de San Jacinto, la Soledad, el Niño, San José y otros más, mantienen su pequeña plaza o atrio. La decoración siempre es sobria y sencilla.

Caminando por la Plaza Juárez, que es el centro del pueblo, mientras escuchábamos a Luis, mi mente se perdió en al ver la torre del reloj, un símbolo ícono de Zaachila ¿Qué tantas historias de sus habitantes sabrá este instrumento capaz de medir el tiempo? Seguramente muchas, desde un amor imposible, un viejo que por años alimentó a las palomas hablando solo, y hasta de un inevitable chisme de pueblo… de esos que son tan buenos que no puedes guardarlo.

Hay un letrero en la rotonda el cual sorprende con un texto que demuestra los 600 años de la fundación del Zaachila. Ahí cerca está el quiosco presumiendo sus esculturas dignas de ver: el “danzante de la pluma” y “el Zancudo”. Dos exponentes del folklore oaxaqueño que puedes ver cada año en la gran fiesta del estado: La Guelaguetza.

No podia faltar el busto de Amador Pérez Torres “Dimas” -creador del famosísimo danzón Nereidas- quien nació en este pueblo y estar ahí es como rendirle un tributo a su música.

Después de visitar el mercado un poco restaurado, fuimos a los quioscos de las nieves. El guía nos llevó a las mejores, “Nieves Pinopaa” donde su recomendación fue la que se llama México, dado a los colores que le dan el kiwi, la leche quemada y la tuna roja, ¡una exquisitez garantizada!

Un consejo que nos dio Luis fue: “Visiten Zaachila los días jueves, es día de tianguis”. En este Mercado ambulante encontrarás cosas inimaginables como venta de cebús, chanchos (cerdos), gallinas y animales vivos; también hay una gran variedad de coloridas frutas, verduras y hortalizas de la región.

Algo que tampoco debes perderte es tomar un moto-taxi, nosotros lo hicimos para recorrer algunos secretos del pueblo: sus haciendas. Y aunque algunas de ellas se encuentran en estado de restauración, siguen sorprendiendo por el magno tamaño y sus fantásticas fachadas: Zorita, Natividad, Labor, Noriega son solo algunas de estas viejas, pero imponentes construcciones que vivieron su apogeo durante el siglo pasado.

Al regreso, el moto-taxista nos dejó entre las calles que rodean al centro de Zaachila, y fue una gran idea ya que al caminar nos fuimos percatando de la personalidad del pueblo. Arte urbano pintado en las paredes de las casas que le daban un misterioso recuerdo zapoteco que te hacen sentir orgulloso de estas propuestas.

Así anduvimos por las calles de: Huijatoo, Cozijoeza, Teotzapotlan, Alarii, Cosijopii, Leobaa, Ocoñaña y muchos vocablos étnicos más.

Nuestro tour se vio cada vez mas enriquecido cuando entramos a la Zona Arqueológica de Zaachila, un cerrito con vestigios y montículos del pasado que merecían la pena visitarlos con una buena explicación para conocer más del legado zapoteco. Después fuimos a la parte colonial de la historia: la Iglesia de Santa María Natividad.

Y para terminar con broche de oro, no podía faltar la reconocida gastronomía oaxaqueña; nuestro anfitrión nos invitó una deliciosa comida local basada en pan amarillo, chorizo, chocolate de agua y caldillo de espinazo. No pudimos estar más agradecidos y felices que te recomendamos contactarlo cuando vayas a Zaachila, todo el pueblo lo conoce a él y a su familia.

Dicen por ahí que Oaxaca es uno de los estados con más personalidad y Zaachila es tan solo una prueba de ello, un pueblo con un gran corazón zapoteca, una cultura viva y una sonrisa que contagia que parece que estás en tu segunda casa.

Si quieres saber más artículos de turismo cultural, visita la revista turística El Souvenir y “Nunca dejes de viajar!”