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El Valle de los Monjes, conoce a los misioneros petrificados

Por Julio García Castillo

Un viaje a Chihuahua con destino a las Barrancas del Cobre, es algo que todos tenemos en la mente de hacerlo por lo menos una vez en la vida. Mientras disfrutaba el camino serpenteado por los extensos bosques antes de tomar el tren en el Pueblo Mágico de Creel, alguien me había hablado del famoso Valle de los Monjes que de acuerdo con algunos viajeros, se trata de un desfile de imponentes rocas monumentales.

Esto nos remonta a la evangelización que ocurrió hace cuatrocientos años en la zona escarpada de las Barrancas. Un encuentro con la naturaleza y la solemnidad de la religión antigua. ¿Qué habrá detrás de estas enormes figuras que los tarahumaras escogieron como lugar sagrado? Así me fui a este viaje para descubrirlo con mis propios ojos.

¿Ranas y hongos?

Tome un tour que primero me llevaría al Valle de las Ranas y el Valle de los Hongos, increíbles lugares que me dejaron impresionado por las enormes formaciones que semejaban las siluetas de anfibios y setas. Me di vuelo con mi cámara fotográfica con estos escenarios en donde todo huele a bosque y te aseguro verás un cielo de un azul encantador.

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En estos valles pude ver a varias mujeres rarámuris que se acercaban para ofrecerme sus productos artesanales. Ellas venden manualidades que elaboran con las espinas tejidas de los árboles de coníferas, además de pequeños Souvenirs en forma de animales y personajes tarahumaras hechas con maderas, estambres y telas.

También vi a un grupo de niños pidiendo un dulce o alguna galleta, cosa que no es recomendable darles, ya que al no tener todos los servicios médicos -como los de un dentista comunitario-, sólo afectaríamos su salud.

Había escuchado mucho acerca de los tarahumaras -o rarámuris- una etnia que decidió vivir en lo alto de las montañas, son conocidos también como “pies veloces” debido a su condición de correr por los lugares más escarpados del bosque de altura.

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Conforme vas conociendo a los rarámuris, te atrapan sus costumbres y leyendas, sus rituales y su forma de vida; Todo ese entorno me dejó pensando en la transculturización que hemos promovido en los pueblos alejados y aún no comprendemos que ellos no conocen otra forma de vida, y así son muy felices. Con esa imagen me quedé.

¿Y los Monjes?

Después de ese encuentro natural y cultural por esos valles encantadores, el transporte seguía avanzando… Antes de llegar, me enfrenté en el camino con grandes rocas verticales enfiladas como soldados de 20 metros de altura formando una gran muralla. “Sé que estoy cerca”, me repetía constantemente, era momento de dejar el transporte y seguir a pie cuesta arriba…

Y Ahí estaban, en medio del silencio y el olor a pino, el Valle de los Monjes te atrapa desde lo lejos y te deja con la boca abierta conforme te vas acercando. Y sí, aún tengo las imágenes frescas en mi memoria de uno de los valles más encantadores que he conocido; este lugar bien podría salir de una pintura surrealista.

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Realmente parecen decenas o centenas de monjes encapuchados, pero se trata de rocas labradas por el tiempo y el viento, dispersas en pequeños grupos de 5 o diez columnas, parece que se enfilan a una procesión como si se tratara de ir evangelizando mientras crees escuchar sus cantos. Pero esa calma absoluta, solo era interrumpida por las aves del lugar como los pájaros carpinteros, colibrís y una que otra lechuza.

El Valle de los Monjes me recuerda cómo los misioneros Franciscanos llegaron en el siglo XVI a estas tierras con la encomienda de convertir a los habitantes de la montaña y el desierto en seguidores de la religión cristiana, pero sin tener éxito.

Posteriormente los misioneros Jesuitas llegaron a Chihuahua para establecer una relación de confianza, aprender la lengua de los rarámuris y formar una jerarquía parecida a la que estaban acostumbradas esas poblaciones; fue así que se fundaron las misiones un siglo después.

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Estos Monjes son grandes rocas calcáreas que han sido erosionadas por la lluvia y el aire, me enteré que estas formaciones tardaron más de veinte millones de años en lograrse y verdaderamente semejan figuras humanas con su cabeza y su sotana.

Al momento de caer el sol, el lugar deja las sombras de los monjes libres para darle paso a las leyendas de cómo quedaron petrificados en su labor de evangelización. Según los rarámuris quizás son Dioses que están ahí en medio de la naturaleza dispuestos a escuchar a quien se les acerca buscando algún consejo en medio de un silencio absoluto.

No cabe duda que este lugar es ideal para hacer senderismo, rappel y ciclismo, pero sobre todo para tener un encuentro con real con la naturaleza, disfrutar de ese silencio y del olor a pino; pero sobre todo, pude apreciar lo que la madre tierra nos regala con sólo tomar la decisión de hacer un viaje por el estado de Chihuahua.

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Me mantuve horas contemplando el Valle de los Monjes y pude encontrar nuevas figuras que sólo los locales pueden describir. He meditado tanto de esta fastuosa tierra y sus bondades; ahora entiendo que por algo esta etnia fue elegida para cuidarla a pesar de las extremas condiciones de la montaña.

Estoy listo para continuar mi viaje a bordo del Chepe hacia mi próxima parada en Divisadero, y sorprenderme más de las bellezas que tiene el estado de Chihuahua, voy al encuentro con las Barrancas del Cobre y llevo la bendición de muchos monjes.

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