abc Radio


“Lo más difícil es el desprecio”; racismo aumenta entre los mexicanos

Rodolfo es nicaragüense y Ana María es mexicana indígena. Ambos han padecido algo que, a su decir, es normal, cotidiano y que ya no les enoja, aunque sí les incomoda: racismo por su color de piel o por su procedencia. Él huyó de su país por la pobreza, y ella es discapacitada por poliomielitis.

Las miradas y los murmullos siempre son despectivos. En algunos casos llegan a ser agresivos porque no se acepta que en México haya personas diferentes. Sin fotografías y con temor a la grabadora, Rodolfo Espinoza de 35 años es jardinero y Ana María Avilés, de 54, es ama de casa, ambos relatan su experiencia de vida ante una sociedad que ha tratado de marginarlos.

Espinoza salió de Managua con la esperanza de tener una vida mejor en México. Llegó hace 15 años. “Lo más difícil que me encontré al llegar a este país es el desprecio que se tiene a los centroamericanos, me costó mucho encontrar un empleo a pesar de que traía mis papeles en regla y que había cumplido con todas las normas de migración”, afirma.

Y agrega: “Es difícil entenderlo en un país donde la mayoría de la gente es de piel morena, porque a mí, me discriminaban por mi color de piel y la forma o el acento con el que hablo. Eran burlas, pero burlas fuertes que me hacían enojar, pero que al final de cuentas se va acostumbrando y ya no lo tomas en cuenta, pero eso no significa que sea normal”, sostiene en la charla para El Sol de México.

El tono de piel, origen étnico y origen nacional son las principales quejas y reclamaciones que se tienen registradas. De acuerdo con los datos del Consejo Nacional para Prevenir la Discriminación (Conapred), en México se tienen registradas, del 2019 a lo que va del 2020, un total de 22 expedientes de quejas calificadas como presuntos actos de racismo o discriminación.

Origen nacional (13), Color de piel (4) y origen étnico (4) son las causas por las que se han abierto expedientes en lo que va de la administración de Andrés Manuel López Obrador. La Ciudad de México encabeza la lista con 13 denuncias.

Además, en Guanajuato el Conapred tiene registrados dos casos, Baja California, Chiapas, Estado de México, Jalisco, Oaxaca y Puebla un caso cada Estado, hecho que a decir de Mario Hernández, integrante del Consejo Nacional para Prevenir la Discriminación no deberían pasar en México.

Sin embargo, de acuerdo con los resultados de la ENADIS 2017, 56 por ciento de los hombres y 51.3 por ciento de las mujeres en México, señalaron que fueron discriminados por su tono de piel, manera de hablar, peso o estatura, forma de vestir, arreglo personal, clase social, lugar de residencia, creencias religiosas, sexo, edad u orientación sexual.

Foto: Especial

“El racismo es esta creencia errónea de que las personas indígenas o de cierta filiación étnica tienen una restricción de derechos. Existe una creencia muy extendida de que la pobreza que se vive en comunidades indígenas, por ejemplo, es merecida por sus usos y costumbres”, sostiene Mario Hernández.

Entre vecinos, en el trabajo o en oficinas de gobierno los índices de racismo van a la alza, según Conapred.

Ana María Avilés cuenta a este diario lo difícil que ha sido padecer las secuelas de la poliomielitis desde su infancia. “La enfermedad me dio a los 8 años. A raíz de ahí fueron operaciones tras operaciones. No terminé la primaria, sólo pude estudiar una carrera técnica como enfermera y a pesar de la discapacidad salí adelante”, dijo.

Trabajando como enfermera en un hospital público en sus años de juventud, “sufrí lo que nunca, me hacían menos mis compañeras… me humillaban al grado de decirme: Ana corre a ver a tu paciente, para mí esto era discriminatorio, racista y lo peor cruel, porque me hacían sentir menos importante y no por padecer las secuelas de la polio yo era o soy diferente a los demás, porque he demostrado que soy más capaz que los que se hacen llamar normales”.

Pero Ana María Avilés también ha sido discriminada por su descendencia indígena otomí. “Mis papás me entregaron a una madrina, esa mujer me dio ayuda, apoyo, estuvo conmigo en mis operaciones, en términos generales fue mi tutora hasta los 18 años y después me regrese a San Felipe del Progreso, pero por las secuelas de la polio no podía estar ahí y me vine con dos hermanos a la Ciudad de México, y mis hermanos me ayudaron a pagarme una carrera técnica de enfermería y así es como puede salir adelante”, agrega.

“Entiendo que el racismo es discriminación, pero no logro entender por qué la gente es así, pasas de las miradas morbosas a los comentarios agresivos como coja, patacorta y eso es racismo, el racismo lo entiendo cuando te tratan de humillar y despreciarte por tu condición”, afirma Avilés.

Según el Conapred, 30.9 por ciento de personas con discapacidad han declarado por lo menos un incidente de negación de derechos, además de que 25.1 por ciento de ellos ha padecido actos de discriminación que pueden ser actos de racismo.

Lo más alarmante es que 58.3 por ciento de los encuestados que padecen alguna discapacidad, han sido objeto de rechazo o exclusión de las actividades sociales, además de que les han hecho sentir incómodos con las miradas, han sido objetos de burlas o les dijeron cosas que les molestarían, recibieron amenazas, empujones o jaloneos.

Ana María dice que lo más fuerte que le ha pasado es en el transporte público. “Un día vengo del metro, me subo a la combi, pero al no poder doblar el pie, porque tengo la pierna fija, no tengo rodilla, una mujer me empezó a jalonear para que me bajara y pues la gente me defendió, pero ahí te das cuenta qué hay personas que están mal o no tienen información suficiente”, dijo.